jueves, 4 de diciembre de 2008

El príncipe Apprius



El siglo de las Luces fue también el siglo de la pornografía y la utopía. Nada más natural, pues, de combinar ambas, como hicieron Sade o Diderot, ya tratado en estas páginas.

Menos conocido, sin duda, pese al éxito del que gozó en el momento de su publicación, es el librito de P. L. Godard de Beauchamps, Historia del príncipie Apprius, cuyo verdadero título sigue Extraída de los Fastos del Mundo, desde su Creación, manuscrito persa encontrado en la Biblioteca del Scha-Hussain [!!], rey de Persia, destronado por Mamuth en 1722. Traducción francesa de Messire Espíritu, gentilhombre provenzal sirviente en las tropas de Persia. Impreso en Constantinopla, el año 1728.

La obra relata las aventuras del príncipe Apprius (anagrama de Priapus), joven y apuesto rey (como se aprecia en la arcimboldesca ilustración de la portada!!) que empieza por entregarse a su favorito Danbre (de “bander”, empalmarse) antes de partir a la conquista de Taliélaré (“la realité”!). En el intento naufraga y aparece en el reino de Mina (la mano) antes de ser hecho prisionero por los temidos bárbaros Brularnes (los “branleurs”, onanistas pero también, por extensión, los inútiles o perezosos).

“Un día Apprius, llevado por el ardor de la caza, se extravió, la noche le sorprendió; distinguió al favor de una tenue luz unas casas sobre una colina, llegó hasta ellas y cayó entre las manos de los Brularnes (Pajilleros), pueblos feroces e indómitos, extrañamente ávidos del bien del prójimo, que no quieren tomarlo más que para disiparlo en pura pérdida y sólo lograrn conseguir con su furor el atroz plazer de destruirse a sí mismos haciendo perecer aquellos de quienes se han hecho los amos por fuerza o por habilidad; disípulos de un tal Gidonèse (Diógenes), aprendieron de él a cometer dicho crimen sin vergüenza ni remordimiento…”

Gracias al rey Lucanus (culanus) consigue escaparse e incluso reinar sobre los Ugobers (los “bougres” o sodomitas) y los Chedabars o “bardaches”… Godard retoma aquí, en su alegoría pornográfica, uno de los mitos sexuales más curioso de la Era de los “Descubrimientos”.

En efecto, los exploradores europeos se llevaron una buena sorpresa al encontrarse en casi todos los pueblos americanos hombres que se vestían y comportaban como mujeres. Eran incluso preferidos por los hombres como cónyugues, debido, supuestamente, a su mayor fuerza física… Toda relación heterosexual les era prohibida y debían aceptar cualquier pene que se les presentase, funcionando como chaperos de pueblo si bien algunos ocupaban un lugar sacramental, siendo penetrados ritualmente durante ciertas ceremonias.

Calificados primero de hermafroditas (veremos algún día la obra maestra de Artus al respecto), pronto fueron llamados “bardaches”, término persa para los efebos (siendo la mayoría de ellos adolescentes). El debate actual al respecto opone a los que ven la subcultura “bardache” como una expresión de la homosexualidad y los que lo consideran como simple abuso sexual de menores (no sólo como violación sino también como transformación de niños en niñas por padres que necesitaban más currantas en la choza!).

Apprius sigue deambulando por el país de los Siders (Deseos, en anagrama francés), entre varios personajes con nombres igualmente obscenos, como los Celulois (Cojones) que se harán íntimos amigos del héroe. Conoce, entre otras curiosidades, al pueblo de los Gimidoches (Consoladores), “pueblo grosero, estúpido, masa pesada e informe que no actúa sino por movimientos externos, máquinas por así decirlo inanimadas”…

Lucanus manda a Apprius al frente del ejército que marcha contra la reina Monilne (el “monin” o vagina). Pero Apprius, seducido por la apetitosa figura, levanta su propio ejército para detener la invasión de fuerzas inmundas, trasunto de distintas enfermedades venéreas. El happy end final consiste en el matrimonio triunfal del Priapo y el Coño, tras haber condenado de modo burlesco todas las otras formas de sexualidad.

Como véis, la ciencia ficción pornográfica aún tenía bastante camino por recorrer antes de llegar a clásicos como Barbarella o más aún los pequeños volúmenes de Jean Sadinet (pequeño Sade, pseudónimo de P. Bettencourt) como el muy curioso Los placeres del Rey, descripción de países insólitos cuyas costumbres bastante “diferentes” tienden extrañamente hacia la sado-escatología…

1 comentario:

pat toche dijo...

bandante aristocratie!