miércoles, 30 de abril de 2008

Peter Plogojowitz


He aquí el célebre informe de Frombald, fuente de gran regocijo para todos los vampirólogos y torturados góticos del planeta:

"Después que un sujeto llamado Peter Plogojowitz muriera diez semanas atrás –vivía en el pueblo de Kisilova, en el distrito Rahm [de Serbia]- y fuera enterrado según la costumbre Raetzin, fue revelado que en ese mismo pueblo, en menos de una semana, nueve personas, tanto jóvenes como viejas, murieron también, tras sufrir una enfermedad que duró veinticuatro horas. Las víctimas dijeron públicamente, en su lecho de muerte, que el mencionado Peter Plogojowitz, muerto hacía diez semanas, los había visitado en sus sueños, se había acostado sobre ellos hasta que tuvieron que rendir el alma. Los habitantes del pueblo se inquietaron, especialmente tras saber que la viuda de Peter Plogojowitz había abandonado Kisilova tras decir que su marido la había visitado para pedirle sus opanki o zapatos [!!].

“Y como existen varios signos visibles para reconocer a esa gente (a la que llaman vampiros)–el cuerpo incorrupto con la piel, el pelo, la barba y las uñas aún creciendo- los habitantes decidieron unánimemente abrir la tumba de Peter Plogojowitz y ver si los signos mencionados se hallaban en él. A este fin vinieron a verme y, explicándome lo acaecido, nos pidieron a mí y al pope local, que estuviéramos presentes durante la exhumación.

Y pese a que yo al principio me opusiera, explicándoles que nuestra laudable Administración debería ser primero debida y humildemente informada, y que su siempre ponderada opinión debiera ser oída, no quisieron avenirse a ello y respondieron que yo podía hacer lo que quisiera pero si no les daba el acuerdo para la exhumación y el reconocimiento legal del cadáver según sus costumbres, abandonarían la casa y el pueblo ya que, en el tiempo que llegara una respuesta de Belgrado el pueblo entero podría ya haber sido destruido por el espíritu maligno –lo cual ya había ocurrido, supuestamente, una vez bajo la ocupación turco. No querían esperar a que esto ocurriera.

Como no podía retenerlos con buenas palabras o amenazas, fui al pueblo de Kisilova, acompañado por el pope de Gradisk, y vi el cuerpo de Peter Plogojowitz, que acababa de ser exhumado, encontrando, tras un detallado análisis, que no se distinguía el más mínimo olor característico de los cadáveres y el cuerpo, excepto la nariz, se había caído de algún modo, completamente fresco.

El pelo y la barba –incluso las uñas, tras la caída de las viejas- habían crecido; la vieja piel, que era algo blanquecina, había pelado y una nueva había emergido bajo ésta. La cara, las manos, los pies y el cuerpo en su conjunto eran constituidos de tal modo que no podrían haber sido más completos en vida.

No sin cierta sorpresa vi alguna sangre fresca en su boca la cual, según la tradición, había bebido de la gente a la que había matado.

En resumen, todos los indicios concordaban con los que, como ya dijimos, se atribuyen a dicha gente [los vampiros, por si no queda claro].

Después de que el pope y yo hubiéramos visto este espectáculo, mientras la cólera popular iba en aumento, unos sujetos afilaron, con gran prisa, una estaca con la intención de atravesar el cadáver y la plantaron en su corazón, del cual, al ser atravesado, no sólo salió mucha sangre, completamente fresca (que salía también de sus orejas y boca) sino otros signos violentos que omito por respeto y decencia [¿Una erección vampírica? ¿Un aflojamiento de intestinos?... En ambos casos se trata de dos originalidades que la tradición literaria y cinematográfica silenciaría hasta, por lo menos, Nekronomantik].

Finalmente, según la tradición, quemaron el cuerpo hasta reducirlo a cenizas, de lo cual informo a la muy laudable Administración y al mismo tiempo requiero, obediente y humildemente, que si alguna infracción fue cometida en este caso debe de ser atribuida al populacho, enajenado por el miedo”

"- Provisor Imperial Frombald, Distrito de Gradisk"[1]

El relato Increíblemente Extraño del Kameralprovisor Frombald, uno de los primeros testimonios sobre las creencias vampíricas de los Balcanes, fue publicado por el Wienerisches Diarium y luego ampliamente traducido, extendiendo, como si de un No-muerto se tratara, la epidemia…

En su De masticatione mortuorum in tumulis Michaël Ranft opta por una explicación materialista: muy posiblemente las víctimas ulteriores habían entrado en contacto con el cadáver, el cual les habría inoculado algún tipo de enfermedad o simplemente un delirio frenético causado por las supersticiones locales:

“La muerte súbita”, escribe, “provoca inquietud en el círculo familiar. La inquietud viene acompañada de tristeza. La tristeza trae melancolía. La melancolía engendra noches insomnes y sueños atormentados. Dichos sueños debilitan el cuerpo y el espíritu hasta que sobreviene la enfermedad y, eventualmente, la muerte”.

Et voilà.

La verdad es que aquellos materialistas ilustrados resultaban a veces tan Extraños como los propios teólogos que combatían…

Irónicamente, fue el texto racionalista de Ranft, tan prolijo en anécdotas de Come-mortajas, el que iba a lanzar la moda vampírica europea que, cien años después, culminaría en el cuentecito de Polidori y el éxito literario del mito.

Le seguirían la Dissertatio de Cadaueribus Sanguisugis, de, of John Christian Stock (1732) y el De uampyris Seruiensibus de Zopfius y Van Dalen (nombres deliciosamente psicotrónicos dignos de dos buenos Caza-vampiros), de 1733, culminando con la celebérrima Suma del Abate Dom Augustin Calmet, Dissertations sur les Apparitions des Anges, des Démons et des Esprits et sur les revenants et vampires de Hongrie, de Bohême, de Moravie, et de Silésie, Paris, 1740, de la cual ya os hablaremos en su día…

Tangencialmente, el miedo a ser enterrado vivo y convertise en un Come-mortaja fue tan grande que se llegaron a construir Increíblemente Extrañas Leichenhaus –casas de muertos–. La primera, diseñada por el médico Cristoph Wilhelm Hufeland se construyó en la Weimar de Goethe, en 1792, con el nombre de Vitae Dubiae Asylum o “Asilo para la vida dudosa”.

Los cadáveres eran albergados en un entorno cálido a la espera de que surgieran inequívocos signos de putrefacción o bien se “despertara” el fiambre.
Perfeccionando el sistema, se ataron unos hilos, en la Casa berlinesa, a los dedos de los internos, conectados a una gigantesca campana central para que esta se activara caso de producirse algún movimiento reflejo…

Si queréis saber más (y descubrir cual era el misterioso armonio de la Leichenhaus de Munich…) podéis ir al curioso artículo de la revista Enigmas

Como os podéis imaginar, aún hay gente hoy en día buscando la tumba del pobre Plogojovitz (o Blagojević) y ésta no tardará sin duda en aparecer, visitable por un módico precio…

Por cierto, citemos el corto ibérico de 2005 que retoma, castellanizado, el simpático título del tratado de Ranft… y deseémosles suerte:

http://www.elmasticar.com


[1] Los germanoparlantes pueden remitirse al original en Copia eines Schreibens aus dem Gradisker District in Ungarn.

La masticación de los muertos


Visto vuestro entusiasmo por la Extrañísima Masticación de los muertos en su tumba (1725-8), ahí va una pequeña aclaración.

El tema de los enterrados vivos remonta a la Antigüedad clásica, como muestra nuestro queridísimo Plinio (en cierto modo pagano santo patrón de esta página), citando casos como el del cónsul Acilio Aviola o el pretor Lucio Lamia, “revividos” en el último instante, antes de pasar a la pira…

Fiándose en la ausencia de latidos en el corazón para su diagnóstico, la medicina antigua (y no digamos la medieval) ignoraba muchos casos complejos como el traumatismo craneal, la epilepsia o la hipotermia que podían resultar (y resultaron) en la angustiosa e irónica (ya que nada triunfal) “resurrección” de miles de falsos fiambres que no tardaron en serlo verdaderos, lentamente asfixiados en sus féretros.

El debate (y el subsiguiente pánico) surgió en plena “crisis de la conciencia europea”, a finales del siglo XVII, a raíz del Extraño De miraculis mortuorum de Christian Friedrich Garmann (1670), un tratado de 12.000 páginas sobre los milagros de los muertos con cadáveres móviles, rientes (!), agigantados (!!), parturientes (!!!) y sobre todo… ¡¡¡hambrientos!!!

Sí, una gusa tremebunda, ultraterrena hacía que los supuestos cadáveres se comieran sus propias extremidades o que arrancaran sus mortajas a dentelladas…

En las fronteras de la Teología y la Medicina Increíblemente Extrañas se filtraba así el mito popular del Vampiro, nutriéndose (valga la ironía) de tradiciones ancestrales (tal vez neolíticas) de miedo al retorno de los muertos (cabreados, no se sabe muy bien por qué, con los vivos… tal vez envidia cochina).

Cantidad de estudiosos del momento se volcaron sobre el tema. Mientras los teólogos insistían en una interpretación diabólica de los casos de “reanimación” vampírica, los médicos ilustrados trataban, siguiendo las pautas de Galeno, explicar racionalmente las “masticaciones”.

Se publican Libros Increíblemente Extraños relativos a esta cuestión, tales como la "Dissertatio Historico-Philosophica" De Masticatione Mortuorum de Philip Rohr, pronunciada en Leipzig el 16 de agosto de 1679 o la De absolutione mortuorum excommunicatorum de Heineccius (1709). En el campo ilustrado contraataca el médico francés Jean-Jacques Bruhier con su ponderada Disertación sobre la fiabilidad de los signos de muerte (1720), explicando que los supuestos muertos vivientes eran pobres diablos que, al despertar de su letargo comatoso, se automutilaban en pleno ataque de pánico al descubrir su verdadera situación. De ahí los mordiscos (entre otras cosas) a las mortajas.

El pánico cunde en los pueblachos perdidos de Europa Central. Auténticas epidemias de vampirismo recorren los valles más recónditos. Los muertos reviven…

En 1725, en Kisilova, Hungría, los paisanos exigen la exhumación y ejecución de un tal Peter Plogojowitz, un vecino muerto hacía pocos días al que acusan de haberse convertido en… vampiro…

Un oscuro filósofo alemán, Michaël Ranft, decide investigar…

Basándose en la tradición de tratados sobre la « masticación de los muertos », Ranft cita varios casos espeluznantes de Schmatzenden Todten o Come-mortajas: una mujer de Bohemia fue desenterrada en 1355 tras haber devorado gran parte de su mortaja. En el siglo XVI otra exhumación mostró una pareja (!) que parecía haber devorado sus propias entrañas (caso extremo de necrofilia mutua que hubiera encantado a Dalí y sus amigos Surrealistas)…

En Moravia un cuerpo pareció haber devorado no sólo su propia mortaja sino la de una mujer enterrada a pocos metros…

Para más inri, estos Come-mortajas emiten, al parecer, escalofriantes chillidos… de cerdo!!

Tras esta galería de casos de gastronomía póstuma, Ranft pasa a analizar el Informe oficial de la administración austriaca relativa al caso de Peter Plogojowitz…


Continuará.

lunes, 28 de abril de 2008

L.I.E

Abril,

"el mes más cruel" según T. S. Eliot en su pasablemente Extraño Waste Land

toca a su fin...


Qué mejor ocasión para votar por el

Libro Más Increíblemente Extraño del Mes!!!


Simplemente añadid vuestro favorito a

Comentarios

y veremos cual se ha llevado la palma...

Saludos Extraños

viernes, 25 de abril de 2008

Títulos Raros


Hemos sabido, en esta magnífica jungla internáutica que nos cobija y rodea, que existe un singular premio, el Bookseller Diagram Prize que bajo su anodino nombre alberga una deliciosa idea, la de otorgarse al “Título Más Raro del Año”.

Entre sus antiguos ganadores figuran títulos como:

“Gente que no sabe que está Muerta”

“Ponga su casa a prueba de bombas”

“El Gran Libro de Historias Lésbicas de Caballos” (!)

“Viviendo con Nalgas Locas”.

La lista de candidatos de este año va liderada por “Mujeres Montañesas Tatuadas y Cajas de Cucharas de Daghestan”, seguida por

“Los Carritos de la Compra Perdidos del Nor-este Americano: Una Guía para su Identificación”

“Qué verdes eran los Nazis”

y el controvertido

”Mejor No haber Nacido: el Dolor de Venir a la Existencia”

Se quedaron fuera, entre otros,

“Dibujando y Pintando a los No-Muertos” o

“Azulejos de lo inesperado: un estudio de seis millas de azulejos del metropolitano londinense”

y, lamentablemente:

“Fui torturado por la Reina del Amor Pigmea” (nuestro predilecto, claro homenaje a la Edad de Oro de los Men’s Adventure Magazines)

El voto era abierto pero por desgracia acaba de finalizar…

Si queréis saber cual fue el ganador, id a

http://www.thebookseller.com/news/37373-stray-carts-scoops-the-prize.html

Años pasados reconocieron obras imperecederas como:

“Cómo cagar en los bosques: Una aproximación ambiental a un Arte Perdido”…

En lo que a nosotros concierne, seguimos prefiriendo títulos más señeros como:

De masticatione mortuorum in tumulis (1725), o sea “Acerca de la masticación de los muertos en su tumba” del misterioso Michaël Ranft (tal vez, en su concisión, el mejor título de la Historia).

En el extremo opuesto, logorreico, tenemos la obra del “frenético” Cuisin

Las Sombras Sangrientas, galería fúnebre de prodigios, acontecimientos maravillosos, apariciones nocturnas, sueños espantosos, delitos misteriosos, fenómenos terribles, sucesos históricos, cadáveres mutilados, cabezas ensangrentadas y animadas, venganzas atroces y combinaciones de crímenes, etc. Buscados en fuentes reales. Selección apta a causar fuertes emociones de terror,

Que será “adaptada” al español por uno de nuestros Románticos Increíblemente Extraños, Agustín Pérez Zaragoza:

Galería fúnebre de Espectros y Sombras Ensangrentadas, Obra nueva de prodigios, acontecimientos maravillosos, apariciones nocturnas, sueños espantosos, delitos misteriosos, fenómenos terribles, crímenes históricos y fabulosos, cadáveres ambulantes, cabezas ensangrentadas, venganzas atroces y casos sorprendentes

O, entre los « heteróclitos »

Cataratas de la imaginación, diluvio de la escribomanía, vómito literario, hemorragia enciclopédica, Monstruo de Monstruos por Epiménides el Inspirado (en realidad el iluminado Jean-Marie Chassaignon, 1779)

Dios y su homónimo de Adolphe Saisset (al parecer en realidad Adán era una mandarino chino y el Dios con el que hablaba no era sino un Emperador del Sol Poniente)

O, con similar temática

La vida de Jesús en el vientre de su madre de Luigi Novarini (1642)

Y, más preciso,

La hora de las mareas en el mar Rojo comparado con la hora en que pasaron los Hebreos, anónimo de 1755

Similar, en lo acuático, a

La influencia de las colas de los peces en las ondulaciones del mar, de Ernest Ryer,

Y, siguiendo con los “científicos”, proyectos como El Arte de Suprimir toda Multiplicación de una tal Famenne

O este Medio de impedir a la caballería cargar sobre la infantería de Jacobs-Monet,

Y, ya en el terreno del puro Pulp…

Imposible decidirse, hay demasiadas joyas titulísticas, desde, al más puro azar:

No me poseas (Possess me not)

O Señora, no se muera en mi felpudo (Lady, Don’t Die on My Doorstep)

a Encuéntrame en fuego (Find me in FIRE)

o Chica encuentra cuerpo (Girl meets Body)

Y un increíble etcétera del que hablaremos, más en extenso, en otro momento…

Sin contar, claro está, todos los títulos ficticios inventados por nuestros Increíblemente Extraños Escritores a lo largo de la Historia, caso que merece entrada aparte, ¿no os parece?

jueves, 24 de abril de 2008

Zingha


En la serie de Libros Increíblemente Extraños de nuestro querido siglo de las Luces (y sus correspondientes Sombras), tratamos ahora de una extraña y olvidada novela “histórica”, Zingha, reina de Angola de Jean-Louis Castilhon (1769).


Primera novela europea centrada íntegramente en la historia de África negra, Zingha levantó cierta polémica, siguiendo la historia de Ana Nzingha, reina de Ndongo (1581-1663) que había luchado contra los colonos portugueses (sus antiguos aliados) por el control del próspero tráfico de esclavos, disparado con el ciclo azucarero brasileño.


Al frente de los Mbundu, Nzingha entendió que, para prosperar, su reino tenía que situarse como intermediario de dicho tráfico y no como suministrador (¡!). Así logró un acuerdo con los portugueses, triunfando así sobre sus enemigos de tribus rivales africanas (las cuales se depredaban despiadadamente en busca de “materia prima” humana que no fuera la propia…). La reina llevó dicha “colaboración” hasta hacerse bautizar por la Iglesia católica, siempre ávida de salvar almas.

Como siempre, el taimado Hombre Blanco terminó haciéndole el lío a su aliado “salvaje”. Ana y los suyos se vieron obligados a huir, fundando un nuevo estado en Matamba, fuera del alcance portugués. Mostrando nuevamente su inteligencia, la reina ofreció acogida a todos los esclavos fugitivos en un original quilombo enfocado hacia la resistencia armada.

Encontró nuevos aliados en los holandeses, que estaban dispuestos a borrar a los lusos de Luanda pero, tras un ataque fallido de ambas fuerzas, Nzinga se retiró de nuevo a Matamba, convirtiéndola en un próspero Estado comercial.

A partir de estos hechos cuanto menos “exóticos” (la palabra ya hacía furor en los salones de la Europa ilustrada), Castilhon logra construir un extraño arquetipo prometido a un bello futuro: la femme fatale salvaje, capaz de asesinar a sus amantes y comerse (literalmente) a sus oponentes.

“Monstruoso ensamblaje de todos los vicios y todas las virtudes”, sublime y cruel, Zingha anuncia la Julieta del Marqués de Sade, quien brindará homenaje a Castilhon en su delirante reino psico-sexual de Butua, dentro de su Extrañísimo novelón Aline y Valcour.

Tremebundas orgías a golpe de látigo y cazuela (en el sentido canibalístico, se entiende), violaciones en serie de mujeres embarazadas, prostitución forzada, bebés machacados en morteros artesanales… La crueldad es, para Zingha y su vieja confidente, Run-Lan, un sustituto de la sexualidad.

Baste como ejemplo la siguiente escena, escogida al azar:

“Era Zingha, la propia Zingha, desnuda, los ojos brillantes con el fuego de la cólera, un puñal en la mano, abalanzándose en medio de los cautivos, golpeándolos, inmolándolos, masacrándolos, abriendo el torso del último que acaba de degollar, arrancándole el corazón, devorándolo y avanzando, formidable como el relámpago hacia los cuatrocientos contrincantes: "¿Cual de vosotros osará disputarme la dignidad suprema, que la propia Tem-Ba-Dumba vino a confiarme? Que lo demuestra, que se acerque, que venga y me siga en las tinieblas de la tumba de nuestra legisladora y pronto me veréis salir victoriosa, empapada en su sangre y arrastrando tras de mí sus miembros desgarrados"...

La violencia aberrante de Castilhon contrasta con la producción “exótica” de su época, seguida tímidamente por algunos heterodoxos como Lesuire, quien en su L’aventurier français presenta una República femenina que reduce a los hombres a la más abyecta esclavitud, transformándolos en juguetes y ridículas monturas (según una antigua iconografía que remonta a una leyenda medieval relativa a Aristóteles).

Demasiado poco para Zingha, diréis.

Y tenéis razón.

Rindamos aquí homenaje a la fuente viva de todas las lúbricas y sádicas Amazonas de los Pulps y los Men’s Adventure Magazines (ahora magnificamente homenajeados por la editorial Taschen) revividas, años más tarde, en las infra-humanas películas de caníbales italianos...


p. s. Hay copia facsímile bajable en francés en:
Zingha


miércoles, 23 de abril de 2008

Golo


Habíamos prometido “Gorilas en celo” en nuestro primer mensaje de Bienvenida y algun@s de vosotr@s os habéis inquietado por mi tardanza en satisfacer vuestra enfermiza curiosidad.

Pues bien, evoquemos, dentro de la extensa serie de simios lúbricos literarios (prácticamente un subgénero, como en la gran pantalla) con una desconocidísima joya del Decadentismo, llamada simple y llanamente La Novela de Un Mono (1895), de un tal Armand Charpentier.

El doctor Théodore Halifax y su amigo, el atleta Yvonnet, compran a un soldado francés recién llegado de las colonias africanas un mono llamado Golo, albergando la esperanza de educarlo y transformarlo, si cabe, en humano.

Tras su adquisición, Théodore se enrolla con una mujer casada, la inconstante Mme Bertrand mientras Yvonnet lo hace con Clara, joven inglesa entregada a la prostitución (con el loable objetivo de alimentar a su abuelo…!).

Golo, el mono, está llegando a la pubertad y, cosas de la vida, se excita soberanamente a la vista de Mme Bertrand.

Ésta, inconstante como ya hemos dicho, se ve alagada por tal amor inaudito. Halifax se mosquea.

Por si fuera poco, Clara, solícita, piensa en proponerle al mono sus servicios. Esta parte de la historia no queda muy clara: ¿se trata de abnegación por su parte (para satisfacer las necesidades del pobre animal)? ¿Quién le pagaría sus servicios (Golo, por lo que se infiere del texto, no está de modo alguno remunerado)?¿Llega esto a concretizarse (el texto ha sido sin duda expurgado por el editor)?

Una noche que Mme Bertrand, aprovechando la ausencia de su marido, viene a cepillarse al Doctor, el pobre Golo, que ya no aguanta más, se ahorca.

Abatido, Halifax trata de darle un entierro cristiano, enfrentándose a la férrea oposición del párroco.

Clara y el vigoroso Yvonnet asisten a una reunión de espiritismo. ¿Quién creen que aparece entonces?

El pobre Golo, el cual, pese a no haber podido hablar ni escribir en vida, se exprime en un francés correctísimo, citando párrafos enteros del Papa del espiritismo finisecular (y más acá), Allan Kardec.

El mono ha logrado desvelar el misterio de sus reencarnaciones, anunciando las próximas: un obrero negro (del mono al negro, según el esquema racial entonces imperante), un general chino, un farmacéutico inglés y uno de los últimos papas…

Con tal mensaje críptico y un tanto jocoso (el papa-mono) que nos recuerda a nuestro amado Roque Six, remata esta singular obra.

El tema del cruzamiento gorilesco había sido reforzado con el inaudito parentesco expuesto por Darwin en El origen del hombre y la selección sexual (1871, y no en el Origen de las especies como tantas veces se afirma). Ya en 1886 dos novelas habían osado tratar el tema de la cópula entre los humanos y sus ancestros los primates, La hija del Mono de Maurice Sand y el Increíblemente Extraño Hémo de Émile Dodillon.

En éste, un doctor holandés decide crear una raza humana superior, perdiéndose en la jungla africana. Allí salva a una gorila, matando para ello a su legítimo (!).

El científico se ve reducido (!) por una terrible hibernación al inhumano apareamiento, tras el cual nace el “nuevo-hombre” que da título a la obra, Hémo, cuya ascendencia paterna no queda del todo determinada.

El holandés trata desesperadamente de distinguir rasgos humanos en el simiesco infante antes de morir, tras lo cual el peculiar mono es enviado a Europa, donde forma parte de una compañía teatral, haciendo de Polichinela.

En una de las representaciones Hémo sufre un rapto inexplicable de celos y asesina al actor que interpreta al amante de su mujer.

Hémo es enviado al zoológico donde muere en terrible abandono, como todo antihéroe naturalista (aunque sea simiesco) que se precie…

Luego vendrían Tarzán y King Kong (versiones edulcoradas y expurgadas, como véis, de sus ancestros decadentistas), pasando por cantidad de otros seres Increíblemente Extraños como Ingagi o el Casi-hombre de Marcel Roland…

Los más curiosos podéis ir a la Página Increíblemente Extraña consagrada única y exclusivamente al mito de los Hombres-Mono, The Ape-Man, his Kith and Kin http://www.erbzine.com/mag18/1802.html

Curiosamente su autor se queja de no poder completar su inaudita colección con la joya de Armand Charpentier…

Así que ya sabéis, Investigadores de lo Increíblemente Extraño…

martes, 22 de abril de 2008

Poemicidios

Se ha especulado mucho sobre la poesía como arma (cargada o no de futuro) y sobre la capacidad concreta de la literatura de reaccionar ante la violencia de la vida real (el célebre “Si mi pluma valiera tu pistola” de Machado a Líster).

Pese a todos los intentos de las vanguardias de crear una poesía vital y agresiva creemos que ningún poeta logró la proeza del antiguo Arquíloquo

Poeta griego nacido en Paros en el siglo VII antes de Cristo (lo cual ya es decir), hijo bastardo de Telesiclés y una esclava llamada Enipó (es decir, Criticona), difamó, según Eliano (Varia historia 10,13), a amigos y enemigos, mantuvo constantes relaciones adúlteras, fue un lujurioso y un energúmeno, y, colmo de degradación, tiró su escudo (elemento central de la falange) y huyó cobardemente de un combate.

A parte de dichas lindezas inventó, al parecer ese género tan fructífero, cachondo y lleno de mala leche que llamaríamos Sátira y que por entonces se llamó la “invectiva yámbica”.

Bajo su pluma, esta se convirtió en arma auténticamente letal.

Vean sino:

Cabreado por que su prometida, la hija de un tal Lycambes, se había retractado en el último minuto compuso un poema que bate records históricos de eficacia. La indecisa, traumatizada, se ahorcó.

El padre, desesperado, la siguió. Las dos hermanas, de tiradas al río, también.

No contento con esta hazaña, Arquiloquio siguió su carrera psico-poética.

A un escultor que le había retratado con rasgos un tanto ridículos (o así lo juzgó el interesado), dedicó unos escuetos versos de tal crueldad que el pobre artista se vio abocado, a su vez, al suicidio.

Lamentablemente no nos quedan ya más que tristes fragmentos de aquellos versos poemicidas, citados por oscuros lexicógrafos y gramáticos (Hesiquio, Glauco de Reggio, Sudas, etc.), sin lo cual, vistos los progresos increíbles de nuestras épocas hipermodernas, habrían podido redefinir el vaporoso término de Armas de Destrucción Masiva…