miércoles, 16 de julio de 2008

El Ente Dilucidado


Tal vez uno de los Libros más Increíblemente Extraños de nuestras Letras sea el mamotreto del capuchino "docto y virtuoso" fray Antonio de Fuentelapeña, publicado en Madrid en el Año de gracia de 1676 bajo el título El ente dilucidado (Tratado de monstruos y fantasmas).

En esta obra ya mítica del underground heterodoxo patrio desde su reedición en la inolvidable colección "Biblioteca de Visionarios, Heterodoxos y Marginados", el padre se compromete a tratar la “Question unica [sic], en que se prueba que hay Animales invisibles y que por la mayor parte lo sean los que se llaman Duentes, Trasgos y Phantasmas”…

Como escribe nuestro Extrañólogo Magno Julio Caro Baroja, “el libro está escrito con arreglo a la más rancia de las escolásticas, con instancias y objeciones divididas en secciones divididas en secciones diferentes, subsecciones y dudas, que constituyen hasta 1836 artículos [!]. Se refleja en él una curiosidad morbosa por cuestiones sexuales, sobre todo en la segunda sección, donde Fuentelapeña habla con visible gusto, y sin tener que decir nada de provecho, del sexo en sí, de la causa sexual de los monstruos, de los hermafroditas, de los partos monstruosos y de otros extremos poco agradables de mencionar”[1]. Fascinación que nos recuerda nuestros Coitos Extraños y demás sexologías eclesiásticas…

El libro es, en efecto, un compendio exhaustivo de la “question unica” duendológica, gracias al cual descubrimos, por ejemplo, cuales son los distintos nombres de los duendes, que son animales corpóreos y no ángeles ni almas separadas, que aparecen en las partes deshabitadas de las casas debido a que se producen por la corrupción de las cosas, que son vistos por algunas personas y por otras no y que se elevan por los aires en forma de monjes (de ahí esos Caprichos de Goya con frailes volantes… ya sabéis qué comentar ahora que vuelve nuestro Pintor Extraño a los mass-media).

Vean sino la definición final de esos “entes dilucidados”:

“1620. Sea nuestra conclusión. Duende no es otra cosa que un animal invisible, secundum quid o casi invisible, trasteador”!!!

¡¡Y sigue!!

“Esta definición parece ser buena, y verdadera; verdadera por todo lo que queda dicho en este libro; y buen aporque observa puntualmente las leyes de tal, porque esta definición consta de género, y género inmediato que es la palabra animal en que tiene la razón de convenir con todos los demás animales. Consta también de la última diferencia, que es trasteador casi invisible, pues por la palabra casi invisible se diferencia de los animales trasteadores, que son visibles absolutamente, como son las moscas, gatos, las urracas y otros, y por la palabra trasteador, se diferencia de los animales casi invisibles, que de ningún modo trastean, como el ácaro, el arador, y otros”….

!!!!!!!

Más Extraño si cabe, como señala F. J. F. Arroyuelo, es que “la obra del padre Fuentelapeña no fue motivo de escándalo y menos de risa; pues hasta mereció la anteción suficiente para que un prolífero autor hoy bien olvidado se permitiese escribir una réplica, “Responde al libro del Ente dilucidado, discurso único novísimo, que muestra que ay en naturaleza animales y irracionales invisibles”… del que, si sois buen@s os hablaremos algún día…

Por lo pronto propongo que se cree, de urgencia, un Centro de Estudios Fuentelapeñenses, a la retro-vanguardia de la Ufodavincibrownología Mundial…

Ahí queda.

Ps. Los que queráis saber más de estos duendes carpetovetónicos os tenéis que aguantar hasta que salga la novela deliranto-fantástica de un servidor, finalista de un premio patrio fantasioso…


[1] Algunos mitos españoles, Madrid, 1944

3 comentarios:

josa dijo...

una vez más artículo fantástico. Ah, y enhorabuena por el concurso y por el próximo libro. Y, sobre todo, feliz verano.
Nos vemos en los bares

Anónimo dijo...

Antonio,
Se que estas seguindo la historia del "beheading" en Canada. Pero tienes que ver el "manchete" de este articulo. Demais!

http://www.news.com.au/heraldsun/story/0,21985,24121773-663,00.html

El Abuelito dijo...

... no tiene desperdicio ninguna entrada... Al ente diludidado lo conocía hace tiempo, en la mentada Biblioteca de Heterodoxos de feliz recuerdo... Qué de decir de Atalanta fugens, que tantas veces he encontrado como referencia sin saber exactamente de qué iba la cosa... Y el mad doctor Voronoff, vergüenza me da confesar que ignoraba su existencia,,, mas nunca es tarde para aprender!! ¡¡Qué grande blogo, señor mío!!