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miércoles, 2 de julio de 2008

La cola del formosano


Dentro de los manuales sexológicos Increíblemente Extraños de la Santa Madre Iglesia, el Disputationes de sancto matrimonii sacramento del jesuita cordobés Tomás Sánchez (1550-1610) fue de los más influyentes.

Sánchez había recogido una documentación prodigiosa, esforzándose por no omitir tipo alguno de pecado relativo al fornicio, resultando de ello una obra de extraordinaria obscenidad (condenada en parte al Índice de Libros Prohibidos) que fue tan venerada por seguidores como nuestro Billuart como mofada por los libertinos más cachondos.

Más curioso aún que el tratado fue tal vez el propio estatuto del padre Sánchez, “Santo Tomás del sexo” cuyo renombre en la Europa barroca haría palidecer a la propia Candace Bushnell y sus homólogas contemporáneas.

Los eruditos y poderosos venían desde muy lejos para confrontar los casos más peliagudos al temible casuisita. El cachondo Mirabeau relata, en su magnífica Erotika Biblion (del que hablaremos sin duda) cómo unos viajeros relataron, siguiendo a Plinio (otro de los nuestros!), expusieron un problema un tanto…singular.

Se decía que los habitantes de Formosa (algún día sabréis más sobre ellos) poseían un apéndice caudal de unos veinte centímetros, situado en el trasero y móvil como la trompa de un elefante. “Uno de estos hombres con cola se acostó entre dos mujeres, una de las cuales, de clítoris considerable, puso éste en posición pederasta (!) metiéndose la cola del insular siete dedos en el vaso legítimo; el insular, afable, se dejó hacer mientras, para ocupar todas sus facultades, gozaba de la otra mujer siguiendo las leyes naturales”…

El Sapientísimo Sánchez diagnosticó que “en el primer caso se trataba de sodomía doble pese a incompleta en sus fines, ya que ni la cola ni el clítoris pudiendo segregar libaciones (!!!), no operan contra las vías de Dios y la voluntad de la Naturaleza. En el segundo se trataba de simple fornicación”.

Constantemente asediado por imágenes libidinosas (deformación profesional, como quien dice), el buen padre bebía sólo agua y evitaba ingerir especie alguna, se sentaba sobre mármol, cambiando de sitio en cuanto sentía calor bajo sus nalgas y levantando siempre los pies a diez centímetros del suelo…

lunes, 23 de junio de 2008

¿Has fornicado?


Retomemos nuestros queridos penitenciales Increíblemente Extraños, escogiendo esta vez uno de los más célebres, el Decreto de Burchard, obispo de Worms en el siglo XI.

Libro XIX.

120. ¿Has fornicado como hacen los sodomitas metiendo tu verga en el posterior de un hombre? Si estás casado y lo has hecho una o dos veces: 10 años de penitencia en los días oficiales, uno a pan y agua. Si es una costumbre: 12 años. Si es con tu hermano carnal: 15 años.

122. ¿Has fornicado tomando en tu mano el miembro de alguien, y él el tuyo, para agitaros el miembro uno al otro y desparramar así tu simiente? Si sí: 30 días de penitencia a pan y agua.

123. ¿Has fornicado sólo, es decir tomando tu miembro viril en tu mano y tirándote del prepucia; lo has agitado hasta desparramar tu simiente por este placer? Si sí: 10 días.

124. ¿Has fornicado poniendo tu miembro en una madera agurejeada, o cualquier cosa semejante, de suerte que has desparramado tu simiente por dicho movimiento y por tal placer? Si sí: 20 días.

126. ¿Has cometido la sodomía o la bestialidad con hombres u animales, a saber, vacas, mulas o todo otro animal? Si lo has hecho una o dos veces y no tenías mujer con quien saciar tu lubricidad, ayunarás 40 días a pan y agua y harás siempre penitencia. Si estabas casado, ayunarás 10 años en los días prescritos. Si tenías costumbre de cometer ese crimen, ayunarás 15 años. Si has cometido el acto en cuestión en tu juventud, ayunarás 100 días a pan y agua.

166. ¿Has bebido el esperma de tu marido, con el fin de que te ame más gracias a tus acciones diabólicas? Si sí: 7 años de penitencia a pan y agua, en los días prescritos.

172. ¿Has actuado como hacen las mujeres, cogiendo un pez vivo, introduciéndolo en su sexo y manteiéndolo allí hasta que muere, tras lo cual, cocido o frito, lo dan a comer a su marido para que se inflame más por ellas? Si sí: 2 años de ayuno.

Así que ya sabéis lo que toca...

en el supuesto de que hayáis respondido afirmativamente a alguna de estas preguntas (cuanto desparrame de simiente, por cierto)…


p. s. Por cierto, los que me habéis preguntado por la imagen: no se trata de un montaje. Acercaos a Maillezais, Deux Sèvres y comprobadlo...
O pasaros por
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O la Increíblemente Extraña página de Anthony Weir



jueves, 15 de mayo de 2008

Los demonios de Swedenborg


El místico sueco también añadió, como era de esperar, varias consideraciones demonológicas igualmente peculiares:

“Los demonios de Emanuel Swedenborg (1688-1772) no constituyen una especie; proceden del género humano. Son individuos que, después de la muerte, eligen el infierno. No están felices en esa región de pantanos, de desiertos, de selvas, de aldeas arrasadas por el fuego, de lupanares y de oscuras guaridas, pero en el Cielo serían más desdichados. A veces un rayo de luz celestial les llega desde lo alto; los demonios lo sienten como una quemadura y como un hedor fétido. Se creen hermosos, pero muchos tienen caras bestiales o caras que son meros trozos de carne o no tienen caras. Viven en el odio recíproco y en la armada violencia; si se juntan lo hacen para destruirse o para destruir a alguien. Dios prohíbe a los hombres y a los ángeles trazar un mapa del infierno, pero sabemos que su forma general es la de un demonio. Los infiernos más sórdidos y atroces están en el Oeste”.

J. L. Borges y M. Guerrero, "El libro de los seres imaginarios" (Editorial Bruguera, Barcelona, 1985).

Por lo demás, siempre tan peculiar, el bueno de Swedenborg dictaminó, en su De Ultimo Judicio (1758) que el Jucio Final ya había acaecido (!), sin que la peña se coscara, hacia finales del año anterior (!!). En realidad no fue como la gente lo esperaba, con tremendas destrucciones y desagradables armagedones. Ocurrió en los “cielos espirituales”, donde Dios vió que las Iglesias habían perdido su verdadera identidad, que es la caridad y la compasión.

Actualmente existen varios grupos swedenborgistas (o swedenborgianos?), llamados neocristianos, nuevos cristianos, o miembros de la Nueva Iglesia. Como era también de esperar, surgieron varios cismas. La Iglesia General de la Nueva Jerusalem tiene su sede en Bryn Athyn (!!), suburbio de Filadelfia, mientras que la Iglesia Swedenborgiana de Norte América se basa, irónicamente, en un agujero llamado Newton, de Boston.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Los Ángeles de Swedenborg


Tras ser uno de los representantes preclaros de la Ilustración sueca, diseñando máquinas sumergibles y voladoras (dedicándoles un periódico entero, el Daedalus Hyperboreus), formulando la osada "hipótesis nebular" relativa a la formación y evolución del sistema solar (la cual sigue siendo la más aceptada hoy en día) o redactado un célebre tratado de metalurgia, Emanuel Swedenborg se propuso atacar un gigantesco Regnum animale, compendio enciclopédico donde demostraría, en la linea de Locke, la anatomía fisiológica del alma. Para ello tenía que ir a Londres, capital de la Revolución Científica.

Lo que ocurrió fue más bien extraño.

Comenzó a tener sueños extraños. Por suerte, estos no se perdieron, como tan a menudo suele ocurrir con esos entes evanescentes. Ilustrado hasta en la piltra, Swedenborg compuso un Drömboken o Diario de Sueños, uno de los primeros en su estilo.

Los sueños comenzaron a invadir su vigilia.

En abril de 1745, mientras estaba papeando en una taberna londinense, la sala en la que estaba cambió de forma. Había un tipo sentado en na esquina. Le dijo: "No comas demasiado"...

Emanuel, acojonado por el consejo dietético (!), corrió a su casa.

Durante la noche, el hombre volvió a ver al hombre de la taberna. Se presentó a sí mismo como Jesucristo. Tomando agradablemente un té con él, éste le reveló su preocupación por el rumbo de la Iglesia y le anunció que él era el indicado para explicar al mundo el camino correcto.

En el último inscrito en su diario onírico, Emanuel ha decidido ya abandonar su proyecto fisiológico y dedicarse a la celebración del mundo celestial.

En una conferencia de 1978, Borges arguyó que si bien muchos místicos pueden pasar por locos, el caso de Swedenborg, tanto por su enorme capacidad intelectual, el tremendo prestigio científico del que gozaba como por el radical viraje que supuso en su vida y obra, fue ciertamente especial.

A partir de ese momento, y hasta el día de su muerte (el 29 de marzo de 1772), el antiguo científico produjo más de una quinzena de mamotretos místicos Íncreiblemente Extraños, empezando por el propio De Caelo et Ejus Mirabilibus et de inferno. Ex Auditis et Visis (1758).

Varios de dichos mamotretos estaban dedicados, en gran parte, a una peculiarísima angelología personal, si bien destinada a una heterodoxa progenitura que lleva hasta la angelomanía New Age que inunda nuestra Red y las tiendas jipilongas de nuestros cascos antiguos.

No podemos más que ceder la palabra al Maestro argentino que tan bien compendió las líneas generales de esta metafísica fantástica (pero, como bien decía el mismo Maestro, la metafísica no viene a ser, en sí, una rama peculiar de la literatura fantástica?):

“Durante los últimos veinticinco años de su estudiosa vida, el eminente hombre de ciencia y filósofo Emanuel Swedenborg (1688-1772) fijó su residencia en Londres. Como los ingleses son taciturnos, dio en el hábito cotidiano de conversar con demonios y ángeles. El Señor le permitió visitar las regiones ultraterrenas y departir con sus habitantes. Cristo había dicho que las almas, para entrar en el Cielo, deben ser justas; Swedenborg añadió que deben ser inteligentes; Blake estipularía después que fueran artísticas. Los Ángeles de Swedenbrog son las almas que han elegido el Cielo. Pueden prescindir de palabras; basta que un Ángel piense en otro para tenerlo junto a él. Dos personas que se han querido en la tierra forman un solo Ángel. Su mundo está regido por el amor; cada Ángel es un Cielo. Su forma es la de un ser humano perfecto; la del Cielo lo es asimismo. Los Ángeles pueden mirar al norte, al sur, al este o al oeste; siempre verán a Dios cara a cara. Son ante todo teólogos; su deleite mayor es la plegaria y la discusión de problemas espirituales. Las cosas de la tierra son símbolos de las cosas del Cielo. El sol corresponde a la divinidad. En el Cielo no existe el tiempo; las apariencias de las cosas cambian según los estados de ánimo. Los trajes de los Ángeles resplandecen según su inteligencia. En el Cielo los ricos siguen siendo más ricos que los pobres, ya que están habituados a la riqueza. En el Cielo, los objetos, los muebles y las ciudades son más concretos y complejos que los de nuestra tierra; los colores más variados y vívidos. Los Ángeles de origen inglés propenden la política; los judíos al comercio de alhajas; los alemanes llevan libros que consultan antes de contestar. Como los musulmanes están acostumbrados a la veneración de Mahoma, Dios los ha provisto de un Ángel que simula ser el Profeta. Los pobres de espíritu y los ascetas están excluidos de los goces del Paraíso porque no los comprenderían.

J. L. Borges y M. Guerrero, "El libro de los seres imaginarios" (Editorial Bruguera, Barcelona, 1985).

martes, 13 de mayo de 2008

Coito interrupto

Uno de los sectores de la Teratología Intelectual de Occidente más sorprendente es el de la scientia sexualis.

Ya evocamos en su momento las opiniones teológicas relativas a súcubos e íncubos. No menos Increíblemente Extrañas eran las relativas al sexo meramente “humano”.

Los preceptistas clasificaron nada menos que 10 formas de Lujuria, término que pasó a englobar todo lo relativo a la sexualidad, bajo el signo del Pecado (capital, para más INRI). Entre ellas se distinguía, en orden de creciente pecaminosidad, la fornicación, el adulterio, el incesto, la desfloración, la violación, la masturbación, la sodomía y la bestialidad.

Cada categoría se subdividía en varias ramificaciones casuísticas.

Así, en uno de los cientos de tratados dedicados al tema, De las diferentes formas de lujuria, del dominico Charles René Billuart, leemos del coito interrupto:

“Pregunta: ¿Es permitido interrumpirse durante un apareamiento ilícito? Respuesta: el que, por asco y horror del pecado se interrumpe, incluso derramando su simiente por fuera, hace bien y debe seguir actuar de este modo (…). Sin embargo, el que, perseverando en su gusto del pecado, interrumpe una cópula comenzada y derrama la simiente fuera peca doblemente, por la fornicación iniciada y por la polución…”

Ya os podéis imaginar la intrincada casuística para determinar, durante la confesión, si se trataba de copuladores pecadores o no... Por lo demás el coito interrupto era, tradicionalmente, el fantasma de los casuistas, ya que se oponía a la definición de la cópula legítima (dentro del matrimonio, claro) como acto de procreación. La Iglesia necesitaba, como el Estado, nuevos contribuyentes imponibles para alimentar sus diezmos y prebendas...

Otra grave cuestión que se plantea el buen Billuart es la de la "delectación morosa":

“¿Una novia o una viuda pecan cuando se solazan de una copulación carnal futura o pasada? Si la novia se delecta en espíritu y no carnalmente de la copulación, en cuanto futura y legítima esposa, no peca, al menos no mortalmente. Pero si se delecta carnalmente, peca mortalmente. Tal no es el caso de la viuda que se solaza de una cópula pasada”…

A nadie sorprenderá que Billuart perpetrara también un Tratado de los Ángeles, en donde quedaba claramente demostrado, como ya sabemos, que “el mismo espíritu maligno puede servir de súcubo al hombre y de íncubo a la mujer”.

Lejos estábamos, como veis, de los consejos sexuales de Cosmopolitan, ya anunciados, empero, por la sexología materialista de la Ilustración, enemigos jurados (no os extrañará) de Billuart y los suyos...

lunes, 5 de mayo de 2008

Coitos satánicos


Entre los Libros Increíblemente Extraños de demonología que asolaron Europa entre 1486 y principios del siglo XVIII nos gustaría citar, aunque sólo fuera por el título, el de Johannes Henricus Pott, Specimen Juridicum de Nefando Lamiarum cum Diabolo Coitu (Jena, 1689).

Pott, egregio profesor de Derecho, se dedica aquí a recopilar del modo más crédulo la delirante tradición de sexo satánico que teólogos, médicos y juristas habían venido pacientemente elaborando desde hacía tres siglos.

La cosa, pese a lo sugerente que resulte, presentaba algunos problemillas, especialmente porque se suponía que los diablos no podían copular física y directamente con los humanos.

Pero los teólogos nunca han retrocedido ante tales minucias: así, nuestro ya citado Tomás de Aquino se salió con una distinción ciertamente astuciosa:

“Si algunas veces han nacido niños de cópulas con demonios, ello no se debe al esperma emitido por éstos o por los cuerpos que han asumido, sino por esperma robado de algún otro humano para este propósito, ya que el mismo demonio que actúa como súcubo de un hombre será el íncubo de una mujer” (Summa Theologica).

Chúpate esa. Y, por si no quedara claro, añade en De Trinitate:

“Los demonios recogen en verdad esperma humano, gracias al cual son capaces de producir efectos corporales; pero esto no puede hacerse sin algún movimiento local por el cual los demonios pueden transferir el esperma recolectado e inyectarlo en los cuerpos de los humanos”…

Quedaba así abierta la puerta (sin ánimo de ofender) para el coito satánico, acusación por la cual miles de desgraciad@s iban a perecer, sin comerlo ni beberlo, en la hoguera.

Cantidad de solícitos soplagaitas iban a perfeccionar la teoría, añadiendo los detallitos que faltaban. Así Cesario de Heisterbach afirmó que el método de recolección de semen empleado por los demonios era el hurto puro y simple, recogiendo las emisiones nocturnas y los frutos perdidos de los solaces onanistas…

San Bonaventura va aún más allá, afirmando que:

“Los demonios en forma de mujer [súcubos] se ofrecen a los machos y reciben su esperma; maliciosamente preservan su potencia y, luego, con el permiso de Dios [siempre con el permiso de Dios, sino el Diablo sería otro Dios, lo cual era herejía y uno pasaba a la hoguera], se transforman en íncubos y lo derraman en los repositorios femeninos”….

¿Qué clase de pornógrafo austriaco podría inventarse tamaña proeza? En todo caso se trata de un buen argumento de peli X (una versión “adulta” de la ya clásica serie Gothic Sex Witches) así que si alguien se anima… (ponednos eso sí en algún lugar de los títulos de crédito, junto al santo Bonaventura).

Y, cada vez más delirante, Sinistrari afirma:

“Si queremos aprender de las Autoridades [término teológico para referirse a las absurdeces anteriormente citadas] cómo es posible que el demonio, que no tiene cuerpo, puede realizar un verdadero coito con hombres o mujeres, unánimemente afirman [lo cual, por suerte, es totalmente falso] que el demonio anima el cadáver de algún ser humano, hombre o mujer, o que, de la mezcla de otros materiales, formatea para sí mismo un cuerpo, dotado de movimiento, gracias al cual cuerpo copula [el demonio] con el humano”…

Operación en la cual, según Tomás Malvenda y el Dr. Francisco Valerio,

“lo que los íncubos introducen en la matriz no es el esperma humano ordinario en cantidad normal, sino abundante, muy espeso, muy caliente, rico en espíritus y libre de serosidad [!]. Esto es fácil para ellos, ya que sólo tienen que escoger jóvenes ardientes y robustos cuyo esperma es naturalmente copioso y con el cual los súcubos mantienen relaciones, y luego el íncubo copula con mujeres de idéntica constitución, teniendo cuidado de que ambos disfrutan de un orgasmo más que normal [!], ya que cuanto más grande es la excitación venérea más abundante es el esperma”…

Sin embargo, esta cuestión del sémen increíblemente cálido y rico fue largamente debatida porque la mayor parte de los “especialistas” afirmaban, al contrario que el esperma demoníaco era gélido… cuestión peliaguda sobre la cual, tal vez, volveremos.

Fuera lo que fuere, todo esto de los coitos diabólicos, como afirma Peter Binsfeld en su De Confessione Maleficarum (1589) “es una verdad indiscutible que no sólo es probada de modo fehaciente por la experiencia [!!] sino que es confirmada por la historia, pese a lo que unos cuantos doctores y juristas puedan suponer”…

Así llegamos poco a poco a Pott, quien en setenta sustanciosas páginas de Sexología Aberrante nos cuenta pormenizadamente cómo ciertas brujas parieron gusanos que fueron luego empleados para formar piernas o brazos humanos y nos habla de cópulas monstruosas, retomando el clásico ejemplo del hombre y la vaca que dieron fruto a un extraño individuo de apariencia humana pero que sentía una irresistible atracción hacia rumiar hierba y sociabilizarse con bovinos.

Para aderezar tanto Sexo Increíblemente Extraño, Pott añade un pequeño ejemplo de pacto escrito con el Diablo (no se sabe si para dar ideas al personal y así alimentar un poquito más la maquinaria represiva) en apéndice a su volumen, tal vez porque se le quedaba chiquito en comparación con los demás mamotretos brujeriles… en un momento en que el mercado estaba literalmente invadido: se estiman a más de 100.000 los publicados solamente en Alemania, algo sólo comparable a la reciente oleada de thrillers esotéricos más o menos cazurros...

jueves, 17 de abril de 2008

Los Ángeles de Scriblerus


Otra de las fuentes inagotables de Libros Increíblemente Extraños es, cómo no, la tradición teológica y eclesiástica en general, constituyendo un catálogo siempre sorprendente de simpáticas monstruosidades y aberraciones.

Una de las más famosas controversias al respecto es sin duda la cuestión de “cuántos ángeles pueden danzar sobre la punta de una aguja sin empujarse”.

Sí, habéis leído bien.

“Sin empujarse”.

Atribuida al Padre de la Escolástica himself, Tomás de Aquino, dicha disquisición es, en realidad, una invención tardía, fruto de las guerras de religión. Así, la primera mención se encuentra en el panfleto de William Chillingworth Religion of Protestants a Safe Way to Salvation (1638, p. 12), donde acusa a los católicos de debatir “si un millón de ángeles pueden caber en la punta de una aguja”.

Se trataba de una buena ocurrencia satírica, otra de tantas de aquella época de tremebundas disputas confesionales donde florecieron, cómo no, cantidad de Libros Increíblemente Extraños.

La broma era tan buena que la encontramos, cincuenta años después, bajo la pluma del Neoplatónico Ralph Cudworth en su algo delirante The True Intellectual System Of The Universe.

Como tantas otras acusaciones protestantes, la idea de la aguja infestada de ángeles haciéndose hueco pasó a nutrir el arsenal literario de las Luces en su guerra sin cuartel contra el oscurantismo eclesiástico.

Y es así como surge el oscuro libelo de Martin Scriblerus (nombre jocoso de latín macarrónico para Martin el Escribanillo), autoridad máxima en ángeles agujeriles.

Martin Scriblerus fue en realidad una de las más célebres gamberradas literarias de la Historia.

Se trataba de la creación colectiva de un grupo de cachondos mentales, liderado por el propio Jonathan Swift (del cual, inevitablemente, volveremos a hablar) y formado por John Gay (el de la Ópera de Tres Peniques) John Arbuthnot, Robert Harley, Thomas Parnell y algún que otro coleguilla, como el Pope de la futura Imbecilíada o Cretiníada.

Habían creado el Club de los Escribanillos en 1714 y decidieron escribir juntos la Autobiografía de su héroe, Martín, en violenta parodia de los hampones literarios que pululaban por el Londres de la Ilustración.

Entre las múltiples barrabasadas que inventaron la famosa cuestión de los ángeles fue destinada a una increíble posteridad, recogida por el influyente Isaac D’Israeli en un compendio donde abundan las rarezas más exquisitas, Curiosities of Literature (1824).

Ello no quiere decir que fuera una “mera” invención.

En realidad se puede hablar de palimpsesto literario, pues la cuestión sí que habría podido ser formulada por la escolástica, y de hecho lo fue en cierta medida.

Las polémicas escolásticas se llamaban Questiones Quodlibeticæ; por lo cual se denominó largo tiempo Quodlibet una cuestión absurdamente confusa. Los Quodlibetarianos constituyen así, desde los primeros humanistas que los odiaron, el emblema de la teratología intelectual, prefigurando monstruos ideológicos de la modernidad, desde el estalinismo hasta el fascismo.

Cada punto relativo a la religión cristiana (aún no católica) era debatido en una serie infinita de distinciones, preguntas y respuestas, todas ellas en “guerra permanente contra el sentido común” según la fórmula de D’Israeli.

Se generaban así temibles mamotretos, el más famoso de las cuales sigue siendo la Summa totius Teología de Tomás (París, 1615), de 1250 páginas escritas en letra minúscula, a dos columnas, con un índice de 200 páginas.

Encontramos allí 358 artículos sobre los ángeles, su substancia, su órden jerárquica, su naturaleza, sus costumbres y demás, “como si Tomás mismo hubiera sido un viejo ángel experto”...

Allí aprendemos, resume D’Israeli, que…

“Los ángeles no existían antes de la Creación del Mundo…

Que los ángeles tal vez existían antes de la Creación del Mundo…

Que fueron creados por Dios…

Que fueron creados inmediatamente por Dios…

Que fueron creados en el cielo Empíreo..

Que fueron creados en la Gracia…

Que fueron creados en imperfecta beatitud.

Que son incorpóreos comparados a nosotros pero corpóreos comparados a Dios.

Que son compuestos de acción y potencialidad; cuanto más superior, menos potencial.

No tienen materia propiamente dicha.

Difieren en especie.

Son de la misma especie que las almas.

No tienen naturalmente cuerpo unido a ellos.

Pueden asumir cuerpos, no para ellos pero sí para asistir a los mortales.

Los cuerpos asumidos son de aire sólido.

Los cuerpos asumidos no tienen virtudes naturales ni operaciones vitales, sino que son como cosas inanimadas [¿serían los ángeles zombis avant-la-lettre?].

Un ángel sigue siendo él mismo cuando ha asumido un cuerpo.

En el mismo cuerpo pueden cohabitar el alma, el cuerpo natural y el ángel sobrenatural.

Los ángeles gobiernan cada criatura corpórea.

Dios, los ángeles y las almas no son contenidas en el espacio pero lo contienen en sí.

Varios ángeles no pueden ocupar el mismo espacio.

El movimiento de un ángel en el espacio no es sino distintos contactos de distintos sitios sucesivos [¡Flash!].

Su movimiento puede ser continuo o discontinuo [¡Matrix!]

La velocidad de su movimiento no depende de su fuerza sino de su voluntad.

El movimiento de iluminación (?) de un ángel es tripartito: circular, recto y oblicuo…”

Por lo demás el bien llamado Doctor Angélico (sin duda su especialidad), se preguntaba si Cristo fue hermafrodita (cuestión candente en lo relativo al debatido “sexo de los ángeles”), si hay excrementos en el Paraíso (importante discusión “urbanística”, eco de las pestilentes ciudades del medioevo) o si los piadosos, el día de la Resurrección, se levantarán de sus tumbas en plena posesión de sus intestinos (vuelta al asunto un tanto escatológico…).

Viendo los raciocinios del Doctor Universal, Maestro indisputable, fácil es imaginar lo que los alumnos (y en especial los “malos alumnos”) podían idear.

Hubo quién se preguntó si el ángel Gabriel apareció a la Virgen en forma de serpiente (un tanto herético, ¿no?), de paloma, de hombre o de mujer. Si era joven o viejo. Cómo iba vestido, de blanco o con más colores. Limpio o sucio.

Si la Virgen, durante su concepción milagrosa, estaba sentada. Si el propio Cristo, en ese momento, también estaba sentado (¡!). O si, al contrario, ambos yacían tumbados…

Como veís, la broma de Collingworth, retomada por Swift y sus colegas, no iba muy descaminada.

Entre los movimientos por lo menos extraños de los ángeles y la cuestión del espacio que ocupan la idea ya estaba más o menos ahí.

Faltaba el detallito de la aguja.