martes, 13 de mayo de 2008

Coito interrupto

Uno de los sectores de la Teratología Intelectual de Occidente más sorprendente es el de la scientia sexualis.

Ya evocamos en su momento las opiniones teológicas relativas a súcubos e íncubos. No menos Increíblemente Extrañas eran las relativas al sexo meramente “humano”.

Los preceptistas clasificaron nada menos que 10 formas de Lujuria, término que pasó a englobar todo lo relativo a la sexualidad, bajo el signo del Pecado (capital, para más INRI). Entre ellas se distinguía, en orden de creciente pecaminosidad, la fornicación, el adulterio, el incesto, la desfloración, la violación, la masturbación, la sodomía y la bestialidad.

Cada categoría se subdividía en varias ramificaciones casuísticas.

Así, en uno de los cientos de tratados dedicados al tema, De las diferentes formas de lujuria, del dominico Charles René Billuart, leemos del coito interrupto:

“Pregunta: ¿Es permitido interrumpirse durante un apareamiento ilícito? Respuesta: el que, por asco y horror del pecado se interrumpe, incluso derramando su simiente por fuera, hace bien y debe seguir actuar de este modo (…). Sin embargo, el que, perseverando en su gusto del pecado, interrumpe una cópula comenzada y derrama la simiente fuera peca doblemente, por la fornicación iniciada y por la polución…”

Ya os podéis imaginar la intrincada casuística para determinar, durante la confesión, si se trataba de copuladores pecadores o no... Por lo demás el coito interrupto era, tradicionalmente, el fantasma de los casuistas, ya que se oponía a la definición de la cópula legítima (dentro del matrimonio, claro) como acto de procreación. La Iglesia necesitaba, como el Estado, nuevos contribuyentes imponibles para alimentar sus diezmos y prebendas...

Otra grave cuestión que se plantea el buen Billuart es la de la "delectación morosa":

“¿Una novia o una viuda pecan cuando se solazan de una copulación carnal futura o pasada? Si la novia se delecta en espíritu y no carnalmente de la copulación, en cuanto futura y legítima esposa, no peca, al menos no mortalmente. Pero si se delecta carnalmente, peca mortalmente. Tal no es el caso de la viuda que se solaza de una cópula pasada”…

A nadie sorprenderá que Billuart perpetrara también un Tratado de los Ángeles, en donde quedaba claramente demostrado, como ya sabemos, que “el mismo espíritu maligno puede servir de súcubo al hombre y de íncubo a la mujer”.

Lejos estábamos, como veis, de los consejos sexuales de Cosmopolitan, ya anunciados, empero, por la sexología materialista de la Ilustración, enemigos jurados (no os extrañará) de Billuart y los suyos...

lunes, 12 de mayo de 2008

La policresia del Dr. Berillon


Contrariamente al ideario estético clásico del kalos kagatos (lo bueno como bello, e inversamente), hemos de reconocer que el odio más abjecto ha podido, en varios casos, ser innoble musa de Libros Increíblemente Extraños.

Y si no vean la singular carrera del Dr. Berillon, director de la Escuela francesa de psicología (en la foto, hipnotizando a un alcohólico anónimo!). Tras haber publicado tratados famosos sobre neurastenia, alcoholismo y el cerebro, comenzó, ya entrado en años, una singular Cruzada contra el enemigo patrio, Alemania. Estábamos en 1914 y el doctor no había podido enrolarse en el Ejército por tener ya 55 primaveras.

Decidió entonces poner todos sus “conocimientos” al servicio de su inmenso y frustrado odio. Para ello escogió un singular modo de colaborar al esfuerzo bélico: la mierda.

Efectivamente, por extraño que parezca, el Dr. Berillon partió en guerra contra la mierda alemana, en sentido literal.

Fruto de ello son tres textos singulares: La Bromidrosis fétida de la raza alemana (!), La Policresia de la raza alemana (La polychrésie de la race allemande) y, last but not least, ¿Como podríamos algún día entendernos con un pueblo que huele mal? (pregunta que los políticos y diplomáticos habían hasta entonces, incomprensiblemente, silenciado…).

En ellos aprendemos, entre otras cosas que un alemán produce más materias fecales que un francés…

“Ya en tiempos de Luís XIV se decía que sóo por el aspecto de la enormidad de los excrementos el viajero podía saber si ya había franqueado los límites del Rin (…) La proporción de materias fecales de los Alemanes, en efecto, se eleva a más del doble que la de los franceses”

… materias cuyo olor es, por lo demás, más fuerte:

“el hedor de los residuos estercolares alemanes no está en relación simple con la cantidad, la cual ya en sí constituye una inmensa incomodidad. La intensidad de las emanaciones malolientes se manifiesta, por el contrario, en una proporción geométrica. Si, desde el punto de vista de la enormidad, la proporción excremencial es doble, en lo que atañe al olor llega a proporciones inauditas, increíbles”…

O bien descubrimos que “el coeficiente urotóxico de los Alemanes es al menos un cuarto más elevado que el de los franceses. Eso quiere decir que si hacen falta 45 cms cúbicos de orina francesa para matar un kilogramo de cobaya, sólo harán falta 30 cms cúbicos de orina alemana, más tóxica, para obtener idéntico resultado…”,

Lo cual se debe sin duda a que “la principal particularidad orgánica del Alemán actual es que es incapaz de eliminar a través de su función renal sobreactivada todos los elementos úricos; debe pues añadir la sudación plantal: esta concepción puede expresarse diciendo que el alemán orina por los pies [!!]”.

De hecho, “desde el punto de vista anatómico, la medida del intestino revela en os alemanes una augmentación de unos tres metros (…) La ampolla rectal de los Alemanes llega a tener dimensiones considerables, en relación directa con la sobreactividad funcional de la cual es objeto. Sus esfínteres, como ha sido notado frecuentemente en anestesias quirúrgicas, tan sólo ofrecen una resistencia extremadamente débil…”

El caso singular del escatómano Dr. Berillon no fue, como sabemos, único en los anales de la histeria nacionalista y racista. Irónicamente, de hecho, se puede decir que prefiguró los delirios raciales nacional-socialistas de sus tan odiados y odoríferos germanos.

p.s Por cierto, os preguntaréis qué demonios quiere decir eso de “Policresia”. Este simpático neologismo se refiere a “movimiento peristáltico intensificado”, lo cual, ahora que conocéis las teorías de nuestro doctor, veís hacia donde apunta (sin pitorreo)...

viernes, 9 de mayo de 2008

Hélène Smith


¿Preparados para afrontar uno de los Libros Más Increíblemente Extraños evocados hasta la fecha?

Pues ahí vamos…

En 1894 el médico suizo Théodore Flournoy comenzó a interesarse por una joven médium, Catherine-Elise Muller (1861-1929), más conocida como Hélène Smith (!)... En su estudio de la rue de Florissant, en Ginebra, Flournoy congregó a varios académicos para que asistieran a las cada vez más sorprendentes sesiones, tomando religiosamente nota de ellas.

Tras cinco años de investigación salía a la luz publica De la India al Planeta Marte: Estudio de un Caso de Somnambulismo con Glosolalía, obra maestra del Fin de Siglo (si bien hubo que esperar a Breton y los suyos para que Hélène pasara a formar parte del Panteón Surrealista, entre Jarry y el Aduanero Rousseau).

Aún en el contexto bastante agitadillo del ocultismo y el espiritismo finisecular (Edad de Oro, repetimos, de lo Extraño, de la cual tanto se nutren nuestros New Ages), Hélène Smith se salía del mapa.

No sólo podía comunicarse tanto en Sánscrito como en Marciano (sí, habéis leído bien), sino que era capaz de manifestar sus antiguas reencarnaciones, las cuales contenían la Princesa Simandini, onceava mujer del Príncipe Nayaka de la India (siglo XV), la propia María Antonieta (!) y varios visitantes de otros planetas (!!).

Una vez Smith entraba en trance, el venerable Fournoy le tocaba la frente e invocaba el espíritu de “Léopold”, quien no era otro sino el mismísimo Cagliosotro (según Hélène, amante de María Antonieta), guía mediumnístico de las sesiones.

Empezaba el desparrame:

“Martes, 2 de Noviembre de 1896. Tras varios síntomas característicos de salida hacia Marte... Hélène cae en un profundo sueño... Léopold nos informa de que ya está de camino hacia Marte y que una vez allí se comunica con los Marcianos aunque nunca haya aprendido la lengua; él no nos va a poder traducir el Marciano, al serle imposible; la traducción será hecha por Esenale, que ahora está desencarnado en el espacio pero que ha vivido hace poco en Marte y también la Tierra, lo que le permite actuar de intérprete..."

Y poco después aparecía Esenale, diciendo:

“Dode ne haudan te meche metiche Astane ke de me veche"

Lo cual, por si nunca habéis tenido la suerte de estudiar Marciano, viene a decir:

“Esto es la casa del gran hombre Astane al cual has visto”

(Ahora decid: “Esta es la casa grande”… ¿véis qué fácil?).

Flournoy y sus amigos lingüistas (entre los cuales figuraba el propio Padre de la Lingüística moderna, ¡Ferdinand de Saussure!) anotaban, fascinados, lo que consideraban un caso ejemplar de glosolalía (término científico que retoma el empleado por San Pablo para el “hablar en lenguas” de los apóstoles –que luego terminó refiriéndose más bien a los poseídos…). Las glosolalías eran, aunque no os lo podáis creer, uno de los temas candentes del debate científico de la época y no sólo científico.

El mismo año en que terminaron las sesiones de la calle Florissant (¿le habrán puesto los ginebrinos la merecida plaquita?) se produja una extraña epidemia glosolálica en Topeka, agujero perdido de Kansas, inaugurando el movimiento Pentecostal…

Con increíble aplomo Flournoy fue clasificando los grandes “ciclos novelescos”, como los llamaba, de la médium. Poco a poco se descubría que Marte estaba poblado por humanoides un tanto asiáticos (Smith no fue la única en trasladar el Peligro Amarillo a otros planetas), trasnportados por varias maquinarias futuristas. También había criaturas perrunas con caras de col (!) que podían, naturalmente, hablar.

Después de Marte se fueron todos a Ultra-Marte, lugar aún más remoto y magníficamente vago. El Ultra-marciano, contrariamente a su pariente cercano (¿o lejano? No queda muy claro), emplea un sistema alfabético ideográfico y no fonético.

Este Extrañísimo libro documenta también el alfabeto Marciano e incluye los fidedignos dibujos que Hélène esbozó durante sus numerosos viajes interestelares (arriba tenéis un paisaje típicamente ultra-marciano...).

Tras la publicación del libro Hélène se cabreó con Flournoy. Éste había concluído prosaicamente que los trances eran producto de fantasías subconscientes, representando conductas regresivas. De hecho, el muy taimado había tratado en varias sesiones de hacerla “desvelar el secreto” de sus pasados traumas, muy a tono con su contemporáneo Sigmund (curiosamente fue Carl Jung y no Freud quien más se interesó por el caso).

También, cómo no, se planteaba el peliagudo tema de los derechos de autor: Hélène afirmaba (no por ser médium iba a ser tonta) que el libro se vendía más por sus visiones que por los comentarios sesudos del doctor.

Por suerte para ella Hélène logró una rica mecenas americana que financió sus nuevos trances durante treinta años. El año de su muerte el museo de arte de Ginebra dedicó una discreta exposición a su obra gráfica.

Para entonces, como dijimos, el nombre de Hélène Smith, Musa de la Escritura Automática, brillaba con luz propia en la flamígera Constelación Surrealista

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jueves, 8 de mayo de 2008

Charlot onanista



Pese a lo dogmático y petardo que puedan resultar varios Movimientos literarios siempre se les puede colar algún Libro Increíblemente Extraño entre ellos.

Tal fue el caso, por ejemplo, del Naturalismo, de tan aburrida memoria para todos los alumnos de Lite. Pese a las pretensiones documentalistas del Papa Zola se le colaron unos cuantos colegas bastante zumbadetes (del propio Huysmans –del cual hablaremos en breve- a Octave Mirbeau por citar a los dos Rayados Naturalistas más conocidos).

Una de las flores más raras que creció a la sombra del movimiento zolesco fue el poco conocido Charlot se divierte de Paul Bonnetain (1883). La peculiaridad de esta novela es que está íntegra y exclusivamente consagrada al tema inagotable de la Masturbación (aludida e irónica "diversión" del título).

No era la primera rareza del género, ya que el propio discurso médico y jurídico sobre el Onanismo nació con un anónimo libelo de por sí Extrañísimo, Onania, El Horrendo Pecado de la Auto-polución y todas sus Espantosas Consecuencias para Ambos Sexos, Considerado (1710), acertadamente definido por un estudioso como “porno soft médico”.

Pero la novela de Bonnetain lleva la paranoia onanista hasta límites insospechados de sordidez decadente, ilustrando los “horrores” del abuso de sí que provocan, como todo el mundo sabe, desde mórbidas alucinaciones hasta impulsos suicidas…

Y ello desde el sorprendente arranque: un accidente laboral. Un obrero lleva al hijo del difunto a su casa. La viuda lúbrica aprovecha para tirarse literalmente sobre el obrero que le trae la mala noticia, violándolo (técnicamente).

A cambio el obrero le da una paliza, a la cual asiste el traumatizado niño que grita “!Papá! no golpees a mamá… No lo volverá a hacer” (!!).

Poco después, tras el entierro del padre, el niño, llamado Charlot, se masturba.

Indignada la madre le mete en una institución religiosa.

El superior, padre Hilarion, secundado por el padre Eusebio pervierten totalmente al joven onanista, “para siempre desquiciado”, según el narrador.

Sigue un pequeño episodio homosexual con un joven colega de escuela, Lucien, durante el cual “Charlot era la mujer, siempre dominada”.

Lucien empieza a interesarse por las chicas y se pira con el Ejército.

Charlot se alista también, siguiendo sus pasos. Ya soldado, vuelve a pajearse compulsivamente.

Un día sus colegas le llevan al burdel. A Charlot, tras el asqueo inicial, le encanta. Pero no tiene suficiente pasta para volver.

Así que se masturba.

Enflaquece alarmantemente. Es despedido del Ejército.

Vuelve a París, encuentra una prostituta, vuelve a asquearse, se masturba nuevamente.

Vagabundea por la capital. Sufre crecientes alucinaciones. Sueña con asesinar a una niña. Se agencia una navaja. Huye. Vuelve a ver a la niña, que le reprocha haber huído.

Se viste de mujer en su casa, se perfuma. Va a misa.

Un día va con un amigo a ver las célebres histéricas del Doctor Charcot, que empleaba (poco hipocráticamente) a sus pacientes femeninas como freaks de feria por una módica entrada.

Entre las locas, Charlot reconoce a su madre.

Vuelta al cinco contra uno, según la consabida expresión francesa.

Una mujer se tira a sus brazos, escapando de la policía mundana. Empiezan a vivir juntos. Ella trabaja la calle. Él se masturba.

Ella tiene un niño.

Charlot, en la última página, se ahoga con la criatura.

Y luego dicen que algunas novelas o pelis actuales son en exceso depresivas…

No es de extrañar que Bonnetain tuviera algunos problemillas con la censura, aunque por aquellas ya no se estaba en la Francia timorata que condenara a Baudelaire. Así que el buen hombre ganó su juicio y siguió escribiendo tan tranquilo su galería de horrores cotidianos, pronto secundado por cantidad de "buscadores de taras" según el título de Camille Mauclair (otro rayado supino del que tal vez hablemos).

Ignoramos si Charles Chaplin, al bautizar a su genial creación, quiso gastar una broma al público edwardiano y si, al fin y al cabo, se “divirtió” tanto como el héroe homónimo de Bonnetain…

miércoles, 7 de mayo de 2008

El Caballero Verde


Entre todos los Libros Increíblemente Extraños de la materia artúrica tenemos especial cariño por el atípico Sir Gawain y el caballero verde, romance aliterativo en Inglés Medio (o sea, incomprensible) de finales del “desastroso siglo XIV” (pestes, guerras, hambrunas, brujas y demás).

Es fin de año en Camelot y la corte está poniéndose hasta el culo de papeo y de priba. Aparece un gigantesco Caballero Verde con un hacha enorme y, según la usanza artúrica, propone un jueguecito.

Alguien le cortará la cabeza con el hacha a condición de que él mismo, un año y un día después, haga lo propio a su vez con el verdugo…

Risas, algún que otro murmullo de acojone.

Gawain, sobrino de Arturo y el más joven de la corte acepta. De un certero golpe desmocha la cabeza del suicida Caballero.

A su gran sorpresa, y del resto de los comensales, el pretendido suicida, descabezado, se levanta tan ufano y recoge su miembro perdido como si tal cosa. Tras recordarle a Gawain que tienen una cita en la Capilla Verde el decapitado se esfuma en su corcel (la imagen del único manuscrito original, Cotton Nero A. X. está que se sale ella también).

Así como pasa el año Sir Gawain lo va flipando pero, como buen héroe, decide encaminarse a la dicha Capilla para tender a su vez el cuello.

En esto llega (¿cómo no?) a un extraño castillo cuyo propietario, un tal Bertilak de Hautdesert (los nombres artúricos no tienen nada que envidiar a los cómics de la Marvel), le propone otro pacto rarillo: irán de caza juntos con la condición de intercambiarse lo que hayan ganado.

Esa misma noche (de nuevo, ¿cómo no?), la Lady Bertilak se cuela en el catre de Gawain (eso era lo bueno que tenían las aventuras artúricas, después o antes de desmocharse uno tenía una buena sesión de sexo casual, a menudo adulterino) pero éste, muy casto (contrariamente a la imagen que de él dieron tantos otros cronistas), se limita a un beso.

Al día siguiente, Bertilak le da un ciervo y él el beso. Un día después, intercambio de un oso por dos besos. Al otro día, un zorro por tres besos. Y Gawain omite un pequeño detalle: se queda con un cinto que la Lady le ha brindado.

Tras todo este mamoneo, Gawain se va a la Capilla.

Allí le espera el Caballero Verde afilando ominosamente su hacha.

Gawain tiende el pescuezo.

El Caballero levanta el hacha y la descarga sobre el héroe, deteniéndola. Vuelve a hacerlo dos veces, la tercera dejándole una leve cicatriz en el cuello.

Como en nuestra querida saga infantil Scooby-Doo, el Caballero Verde revela que es en realidad Bertilak de Hautdesert y que toda esta historia de cabezas cortadas fue idea de la malévola Morgan Le Fay (una de las primeras y más efectivas femmes fatales de la literatura).

La cicatriz es por lo del cinto que había escondido (y no, sorprendentemente, por todo el besuqueo de su legítima).

Gawain vuelve algo perplejo a la Corte y Arturo, para el cual cualquier cosa es pretexto para correrse una buena farra, decreta que todo el mundo ha de llevar un lazo verde para rememorar esta aventura.

El texto, redescubierto y traducido por el mismísimo Tolkien, está repleto de referencias a antiguas tradiciones y mitos celtas, especialmente la historia del super-héroe irlandés Cúchulainn en la Fiesta de Bricriu donde ya aparece el jueguecito del decapitado decapitador.

El singular “test de seducción” (anticipo de la voga actual de programas televisivos a ello dedicados) tiene ecos, por su parte, de la historia de Pwyll y la mujer de Arawn (el jefazo de Annwn, el Otro Mundo), en el Mabinogion galés.

A ello se añaden, como era habitual, cantidad de simbolismos que podéis encontrar resumidos en el artículo inglés de Wikipedia.

Por cierto, si os atrevéis con el Inglés Medio o simplemente queréis gastarle una broma a alguien, podéis ir al poema directamente.

Y, por último, los que queráis saber (mucho) más al respecto y leáis el francés podéis remitiros a mi Décapitations y así darme una pequeña alegría.

martes, 6 de mayo de 2008

Presidente Schreber


Llegamos a uno de nuestros heteróclitos predilectos (¿y cómo no?), el Presidente Schreber, autor de uno de los Libros Más Increíblemente Extraños del Universo, las bien llamadas Memorias de un neurópata (Dresde, 1903).

En él el Ilustrísimo Presidente nos explica cómo llegó a la conclusión de que era llamado a salvar el mundo. Sólo que con una pequeña condición…

Sólo podría lograr su cometido tras haber sido transformado en mujer…

Estamos a finales del siglo XIX, la Edad de Oro del Decadentismo. El Presidente podría haber optado por convertirse en uno de los “Desnaturados” de la perversa Rachilde (ya os hablaremos de “Señor Venus”). Varios burdeles de “drags” estaban ya a su disposición en las grandes capitales europeas.

Pero eso hubiera sido demasiado sencillo: Schreber afirma que no quiere ser mujer (aunque algunas páginas atrás haya estimado que “debe de ser singularmente bello ser una mujer en pleno apareamiento”) pero que está obligado a ello (!) y que necesita la intervención divina para lograrlo (!!).

De hecho, nos cuenta, el Señor ya ha empezado a transformar cu cuerpo: han ido desapareciendo (!!!) los intestinos, los pulmones, el esófago, las costillas… e incluso su laringe…

Poco a poco Dios los va regenerando, transformándolos en “nervios hembra” que le permitirán fecundar a los futuros humanos…

El imperceptible proceso, empero, tiene ciertos… pequeños inconvenientes. Uno de ellos, el cual irrita especialmente al Presidente (quejándose directamente al Divino), es que de cuando en cuando necesita defecar y no lo logra…

“Vista la significación característica de la pregunta: “¿Porqué no caga usted entonces de una vez?”, debo consagrarle ciertas precisiones: la necesidad de evacuar las materias viene en efecto provocada por milagros. Ocurre del siguiente modo: las materias son empujadas hacia adelante, a veces también hacia atrás en el intestino y cuando ya no queda bastante, habiéndose consumado la evacuación, el orificio anal se ve barruntado con un poco de contenido intestinal.

Se trata de un milagro del Dios superior, milagro que se reproduce varias docenas de veces al día…

Toda la perfidia de la política dirigida contra mí queda aquí evidenciada: Cada vez que la necesidad de evacuar me es miraculada, me envían a alguien de entre mis próximos del gabinete para impedirme defecar…”

Y es que el Presidente Schreber, por si no os habéis dado cuenta, era un tanto paranoico. Acusaba a su médico, el Dr Fleschig, de haberlo hipnotizado para experimentar con él como cobaya, siendo el auténtico responsable de su “eviración”.

El Dr. Fleschig fue, pues, quien cortocircuitó la conexión nerviosa del Presidente y Dios, “sin duda con la intención de negar a la descendencia Schreber toda prosperidad o al menos denegarle la posibilidad de prosperar en profesiones que, como la de especialista de las enfermedades nerviosas (!), la habrían conducido a relaciones más íntimas con Dios…”

La cosa, como veis, es un tanto confusa. Nos hallamos, según el autor, ante « el caso de un hombre único en su especie, con quien Dios ha entrado permanentemente en contacto por mediación de rayos (!), contacto que ya no puede ser roto y que por lo tanto constituye una amenaza para el orden mismo del universo (!!)”…

Mil detalles más amenizan la lectura de este auténtico Descenso al Infierno, bastante más pronunciado que la temporadita que allí pasó Rimbaud y sólo comparable a las glosolalías del Artaud más decrépito.

De hecho el Presidente chilla. Sus aullidos son la única manera de acallar las voces que intrusionan sin cesar su asediado cerebro, “manifestándose en la medida en que no puedo a cada instante dar a Dios, que está lejos y que considera que estoy loco, la prueba de lo contrario…

El pobre Schreber tuvo el dudoso honor de pasar a la historia como “EL Paranoias” mayúsculo, pues sus Memorias fueron utilizadas por el mismísimo Sigmund Freud para ilustrar su teoría psicoanalítica de la dolencia siendo secundado, años después, por el Vice-Psicoanalista Jacques Lacan.

Pese a que los análisis sesudos de Freud y Lacan resulten a menudo involuntariamente divertidos (con una jerga casi neo-escolástica que hubiera hecho las delicias de Rabelais), seguimos prefiriendo el propio relato del Presidente, uno de los "documentos humanos" más flipantes que jamás encontraréis.

Esperemos que, esté donde esté, haya logrado evacuar en paz.



p.s. A los que interese ahondar en el cuadro clínico del Presidente pueden dirigirse al siguiente ensayo

lunes, 5 de mayo de 2008

Coitos satánicos


Entre los Libros Increíblemente Extraños de demonología que asolaron Europa entre 1486 y principios del siglo XVIII nos gustaría citar, aunque sólo fuera por el título, el de Johannes Henricus Pott, Specimen Juridicum de Nefando Lamiarum cum Diabolo Coitu (Jena, 1689).

Pott, egregio profesor de Derecho, se dedica aquí a recopilar del modo más crédulo la delirante tradición de sexo satánico que teólogos, médicos y juristas habían venido pacientemente elaborando desde hacía tres siglos.

La cosa, pese a lo sugerente que resulte, presentaba algunos problemillas, especialmente porque se suponía que los diablos no podían copular física y directamente con los humanos.

Pero los teólogos nunca han retrocedido ante tales minucias: así, nuestro ya citado Tomás de Aquino se salió con una distinción ciertamente astuciosa:

“Si algunas veces han nacido niños de cópulas con demonios, ello no se debe al esperma emitido por éstos o por los cuerpos que han asumido, sino por esperma robado de algún otro humano para este propósito, ya que el mismo demonio que actúa como súcubo de un hombre será el íncubo de una mujer” (Summa Theologica).

Chúpate esa. Y, por si no quedara claro, añade en De Trinitate:

“Los demonios recogen en verdad esperma humano, gracias al cual son capaces de producir efectos corporales; pero esto no puede hacerse sin algún movimiento local por el cual los demonios pueden transferir el esperma recolectado e inyectarlo en los cuerpos de los humanos”…

Quedaba así abierta la puerta (sin ánimo de ofender) para el coito satánico, acusación por la cual miles de desgraciad@s iban a perecer, sin comerlo ni beberlo, en la hoguera.

Cantidad de solícitos soplagaitas iban a perfeccionar la teoría, añadiendo los detallitos que faltaban. Así Cesario de Heisterbach afirmó que el método de recolección de semen empleado por los demonios era el hurto puro y simple, recogiendo las emisiones nocturnas y los frutos perdidos de los solaces onanistas…

San Bonaventura va aún más allá, afirmando que:

“Los demonios en forma de mujer [súcubos] se ofrecen a los machos y reciben su esperma; maliciosamente preservan su potencia y, luego, con el permiso de Dios [siempre con el permiso de Dios, sino el Diablo sería otro Dios, lo cual era herejía y uno pasaba a la hoguera], se transforman en íncubos y lo derraman en los repositorios femeninos”….

¿Qué clase de pornógrafo austriaco podría inventarse tamaña proeza? En todo caso se trata de un buen argumento de peli X (una versión “adulta” de la ya clásica serie Gothic Sex Witches) así que si alguien se anima… (ponednos eso sí en algún lugar de los títulos de crédito, junto al santo Bonaventura).

Y, cada vez más delirante, Sinistrari afirma:

“Si queremos aprender de las Autoridades [término teológico para referirse a las absurdeces anteriormente citadas] cómo es posible que el demonio, que no tiene cuerpo, puede realizar un verdadero coito con hombres o mujeres, unánimemente afirman [lo cual, por suerte, es totalmente falso] que el demonio anima el cadáver de algún ser humano, hombre o mujer, o que, de la mezcla de otros materiales, formatea para sí mismo un cuerpo, dotado de movimiento, gracias al cual cuerpo copula [el demonio] con el humano”…

Operación en la cual, según Tomás Malvenda y el Dr. Francisco Valerio,

“lo que los íncubos introducen en la matriz no es el esperma humano ordinario en cantidad normal, sino abundante, muy espeso, muy caliente, rico en espíritus y libre de serosidad [!]. Esto es fácil para ellos, ya que sólo tienen que escoger jóvenes ardientes y robustos cuyo esperma es naturalmente copioso y con el cual los súcubos mantienen relaciones, y luego el íncubo copula con mujeres de idéntica constitución, teniendo cuidado de que ambos disfrutan de un orgasmo más que normal [!], ya que cuanto más grande es la excitación venérea más abundante es el esperma”…

Sin embargo, esta cuestión del sémen increíblemente cálido y rico fue largamente debatida porque la mayor parte de los “especialistas” afirmaban, al contrario que el esperma demoníaco era gélido… cuestión peliaguda sobre la cual, tal vez, volveremos.

Fuera lo que fuere, todo esto de los coitos diabólicos, como afirma Peter Binsfeld en su De Confessione Maleficarum (1589) “es una verdad indiscutible que no sólo es probada de modo fehaciente por la experiencia [!!] sino que es confirmada por la historia, pese a lo que unos cuantos doctores y juristas puedan suponer”…

Así llegamos poco a poco a Pott, quien en setenta sustanciosas páginas de Sexología Aberrante nos cuenta pormenizadamente cómo ciertas brujas parieron gusanos que fueron luego empleados para formar piernas o brazos humanos y nos habla de cópulas monstruosas, retomando el clásico ejemplo del hombre y la vaca que dieron fruto a un extraño individuo de apariencia humana pero que sentía una irresistible atracción hacia rumiar hierba y sociabilizarse con bovinos.

Para aderezar tanto Sexo Increíblemente Extraño, Pott añade un pequeño ejemplo de pacto escrito con el Diablo (no se sabe si para dar ideas al personal y así alimentar un poquito más la maquinaria represiva) en apéndice a su volumen, tal vez porque se le quedaba chiquito en comparación con los demás mamotretos brujeriles… en un momento en que el mercado estaba literalmente invadido: se estiman a más de 100.000 los publicados solamente en Alemania, algo sólo comparable a la reciente oleada de thrillers esotéricos más o menos cazurros...