sábado, 31 de mayo de 2008

Borometz


Ya hablamos en su día de los wakwaks, aquellos singulares árboles que daban como fruto seres humanos algo limitados en su vocabulario.

Hoy vamos a hablar del Increíblemente Extraño Cordero Vegetal de Tartaria.

Aunque se hallen menciones crípticas a árboles que dan lana desde Herodoto hasta Teofrasto y Plinio, es una fábula judía la que introduce el tema del “zoófito” a inicios del siglo XIII. Se trata del comentario del rabino Simeón de Sens al Talmud (1235), que refiere una criatura llamada Jadu´a, enigmáticamente aludida en Levitico (XIX, 31):

“Una especie de cuerda sale de una raíz en el suelo y a la cuerda está sujeto por el ombligo, como una calabaza o un melón, el animal llamado jadu’a; pero el jadu’a es igual a los hombres en todo: cara, cuerpo, manos y pies. Lo rompe y lo destruye todo hasta donde alcanza la cuerda. Hay que romper la cuerda con una flecha y entonces el animal muere”.

Un siglo después, la historia del Cordero Vegetal de Tartaria (Agnus scythicus o Planta Tartarica Barometz) aparece en 1330 bajo la pluma del viajero Odorico de Prodenone. Nos informa de que en la región del Cáucaso “nacen melones enormes, los cuales melones, cuando están maduros, se abren por sí mismos y en el interior se encuentra una bestezuela grande y con la forma de un cordero”.

La historia se recoge en los Viajes de John Mandeville en 1355, libro que, pese a ser una hábil fasificación enteramente plagiarística de relatos anteriores, so cubierto de la odisea viajera del héroe homónimo durante 34 años, logró una popularidad inusitada en el mundo tardomedieval.

“Allí crece una especie de fruta que, cuando madura, es cortada para hallar la bestia de carne y huesos y sangre que se encuentra dentro, como un pequeño cordero sin lana, el cual se come así como la fruta, aunque suene muy extraño…”

A partir de ahí la historia de la planta-animal fue repetida hasta la saciedad por los naturalistas más célebres de la primera modernidad: Giulio Cesare Scaligero, Guillermo Postel, Guillaume Salluste du Bartas, Giovan Battista de la Porta o el propio Sir Thomas Browne (Pseudodoxia Epidemica, III.28).

En 1550 el barón Segismundo de Herbertstein fue algo más específico: habló de una semilla que daba lugar al nacimiento de una planta compuesta de un tallo y un cuerpo en todo semejante al de un cordero, cubierto de una lana finísima, usada por los moscovitas para hacer sus valiosos gorros (Rerum Muscoviticarum Commentarii, 1549). La carne de la planta es parecida a la de las vulgares gambas (!) aunque el bicho se alimente, como el Jadu’a de la hierba que crece alrededor de su tallo. Agotado el pasto, se seca y muere…

“Aunque siempre consideré esos Borametz como meras fantasías”, explica el barón, “los relatos que de ellos me hicieron tantas personas fidedignas me hacen trancribirlo aquí”…

En su célebre Historie Admirable des Plantes (1605) Claude Douret refiere doctamente la existencia del

« zoófito, o planta animal, llamada Jeduah en hebreo. Tiene forma de cordero, y de su vientre nace una raíz por la cual este Zoófito se fija bajo la superficie de la tierra, nutriéndose, según la largura de dicha raíz, de todo el pasto que puede alcanzar a su alrededor. Los cazadores eran incapaces de capturarlo o arrancarlo hasta que corten, a flechazos, la raíz, tras lo cual el animal caía inmediatamente prostrado y muere. Sus huesos eran empleados en ciertas ceremonias e incantaciones por aquellos que deseaban predecir el futuro, otorgando instantanéamente el don de profecía.

Poco después John Parkinson (1656) introduce el animal nada más ni nada menos que en el frontispicio de su Extraño Paridisi in Sole. De ahí pasa a Adam Olearius y a la propia Encyclopédie de Diderot (la cual, como era de esperar, se cachondeaba de la credulidad de todos los anteriores). Jussieu le dedica también un artículo en su célebre Diccionario:

"Cette espèce de polypode de Tartarie, polypodium borametz, L., présente dans la disposition de ses parties une forme singulière. Sa tige, longue d'environ un pied et dans une direction horizontale, est portée sur quatre ou cinq racines qui la tiennent élevée hor de terre. Sa surface est couverte d'un duvet assez long, soyeux et d'une couleur jaune dorée. Ainsi conformée, elle rassemble à la toison d'un agneau de Scythie, et on la trouve ainsi citée dans les contes fabuleux imaginés sur quelques singularités du règne végétal.—Dictionnaire des Sciences Naturelles, vol. iv, p. 85.

El éxito de la criatura se extendió también a la literatura de las Luces. En 1781, el Dr. Erasmus Darwin (abuelo de Charles) lo introduce en su poema The Botanic Garden, que no hayamos fuerzas de traducir…

E'en round the Pole the flames of love aspire, And icy bosoms feel the secret fire,
Cradled in snow, and fanned by Arctic air,
Shines, gentle borametz, thy golden hair;
Rooted in earth, each cloven foot descends,
And round and round her flexile neck she bends,
Crops the grey coral moss, and hoary thyme,
Or laps with rosy tongue the melting rime;
Eyes with mute tenderness her distant dam,
And seems to bleat - a vegetable lamb.

Por si no fuera poco, diez años más tarde un tal Dr. De la Croix elogió el incredible “plantanimal” en su Extraña Connubia Florum, Latino Carmine Demonstrata (Bath, 1791), saludada por la crítica de la época como digna heredera de las Geórgicas de Virgilio (!!).

En su camino ve un nacimiento monstruoso
El Borametz surge de la tierra
Sobre un palo está, fijo, un bruto viviente,
Una planta enraizada que dap or fruto quadrúpedos…
Que duermen de día
Y despiertan de noche, plantados en la tierra,
Pastando la hierba que los rodea…”

Si Virgilio levantara la cabeza… se llevaría una buena sorpresa.

Por increíble que parezca, hacía ya un siglo (1698) que un naturalista, Hans Sloane, mostrara que la supuesta piel de borometz eran grandes rizomas peludos de un helecho arborescente oriental.

Desde entonces los intérpretes modernos consideran que la historia del Cordero Vegetal fue una deformación medieval de las informaciones griegas relativas al algodón, mezclando la palabra “lana” con el término latino para “cordero”. Tales meteduras de gamba fueron muy habituales en la translatio studii occidental o “transmisión cultural” de la Antigüedad por los monjes, causando las consabidas chanzas de Erasmo, Rabelais o el propio Lutero.

Pero los mitos, por suerte, son tan tenaces como las criaturas que acogen…


ps. Prueba de ello es que podéis pillaros Odin Sphere (PlayStation 2) y plantar vuestros propios Borometz…

viernes, 23 de mayo de 2008

Arte del pedo

Tratamos hoy de un clásico indiscutido de la escatología literaria, el célebre Art de péter (1751) de Pierre-Thomas-Nicolas Hurtaut, ilustre médico de la Ilustración indecorosamente eclipsado por la traducción española (Tratado sobre el pedo, Arias Montano) que presenta el texto como anónimo.

Hurtaut no sólo no fue anónimo sino que participó en la célebre Sociedad del borde del banco, salón literario que reunía a peña como Voltaire, Marivaux, Rousseau o el cachondo Diderot (del que volveremos a hablar).

Se trata de un opúsculo tan Increíblemente Extraño que sólo podemos hacerle justicia retomando su singular índice:

I. Definición del pedo en general

II. Las diferencias del pedo, especialmente del pedo y el eructo, y demostración total de la definición de pedo.

III. División del pedo. Problema. Acerca del pleni-vocal o gran pedo. Objeciones de los adversarios del pedo. Respuesta.

IV. Razón física inherente al buen sentido o el análisis del pedo diptongado

V. Desgracias y accidentes causados por los pedos diptongados. Historia de un pedo que hizo huir al diablo y le volvió completamente tonto. Casas liberadas de diablos por la mediación de pedos diptongados. Razones y axiomas.

VI. Del semi-coval o pequeño pedo. Del pedo neto. Del pedo aspirado. Del pedo medio. Causas de los pedos precedentes.

VII. Cuestión musical. Dúo singular. Bella invención para hacer escuchar un concierto a un sordo.

VIII. De los pedos mudos, conocidos como flatos. Diagnóstico y pronóstico.

IX. De los pedos y flatos, afectados e involuntarios

X. De los efectos de los pedos y los flatos. Su utilidad particular.

XI. De las ventajas de los pedos para la Sociedad.

XII. Medios de disimular un pedo para favorecer a aquéllos que tienen prejuicios.

XIII. De los signos de los efectos próximos de los pedos.

XIV. De los remedios y losmedios para provocar pedos. Problema. Cuestión química. Espíritu de los pedos. Los pedos de provincias. Pedos hogareños, Pedos de doncellas. Pedos de maestros en hechos de armas. Pedos de señoritas. Pedos de jovencitas. Pedos de señoras. Pedos de burgueses. Pedos de pastores. Pedos de viejas. Pedos de panaderos. Pedos de alfareros. Pedos de geógrafos. Pedos de cornudos. Pedos de sabios. Pedos de empleados. Pedos de actores y actrices…

Habréis reconocido ya algunos de los temas propios a la Ilustración Extraña ya aquí estudiados, tales como las utopías a lo Théophaigne, la sátira de la demonología, la parodia de la casuística.

La sátira se extendía a cantidad de aspectos de la sociedad de su tiempo como el debate sobre la ópera y la música (llamada querella de los Bufones) que dividió a la Europa erudita durante más de tres años y que recibe aquí fácil solución. Reconocemos el ataque ilustrado contra los prejuicios sociales en la pequeña anécdota de esa mujer que, por coquetería, no se tiró pedo alguno durante doce años, provocando su propia muerte por… retención. Su colega Rousseau no podría haber encontrado mejor ejemplo de la deformación social del individuo natural…

Fuera de las polémicas de su tiempo el libro se convirtió en un pequeño clásico para escatófilos, a medida que la “petomanía” se convertía en espectáculo privilegiado de la burguesía europea. Arriba tenéis una foto del inefable marsellés Joseph Pujol, maestro indiscutido del género, capaz de tocar, sin instrumento alguno Au clair de la lune… Resulta difícil, hoy en día, imaginar el éxito colosal de Pujol en el Moulin Rouge de la Belle Époque…

Poco después (Pujol ya había abandonado su talento –“el único artista que no paga derechos de autor”- y había abierto una panadería…) los Surrealistas, y más concretamente el estatologísimo Salvador Dalí, descubrieron el lindo tratado de Hurtaut y lo situaron en su justo y alto lugar (como siempre, claro).

Como bien dice la edición Rivages: “¿Después de todo, lector, no es vergonzoso que, con todo el tiempo que lleva usted pedéendose, no sepa aún cómo lo hace ni cómo debe hacerlo?”…

Ps. Para los que quieran una aproximación contemporánea al pedo pueden husmear Who cut the Cheese?, A Cultural History of the Fart de Jim Dawson

jueves, 22 de mayo de 2008

Más wak-waks


Los chinos también se apuntaron al tema “wakwak”, como vemos en el T’ong-tien de Tou Yeu, redactado tras su cautiverio entre los árabes (751):

“El rey de los Ta-che (árabes, en chino!) mandó gentes al mar, subidas a un barco (!) y tomando con ellos vestidos y víveres. Al cabo de ocho años (!) vieron una roca cuadrada. Sobre esta rocha había un árbol cuyas ramas eran rojas y las hojas verdes. Sobre el árbol había crecido una multitud de pequeños niños de seis a siete pulgadas; cuando veían a loshombres no hablaban sino que reían y se agitaban. Sus manos, sus pies y sus cabezas adherían a las ramas. Cuando los hombres los arrancaban se desecaban al instante y ennegrecían. Los enviados volvieron con una rama de dicho árbol que se encuentra ahora en la residencia del rey de los Ta-che”…

Una de tres, o los marineros en cuestión se marcaron una buena broma o los Ta-che le anduvieron contando milongas al pobre Tou Yeu, o el pobre Tou Yeu era, como se dice vulgarmente, un engañabobos.

La fábula árabe se propagó en Occidente con la célebre Cosmografía de Kazwini, presentada como curiosidad natural. A raíz de eso todos los sesudos tratados de geografía y cosmografía medievales trataron de los wak-waks como realidad indiscutible.

Todos los viajeros del Medievo (una buena panda de farsantes) afirmaron habérselos encontrado, empezando por Odorico de Pordenone (1331) quien describe un árbol que produce, em medio de frutas diversas, hombres y mujeres de un codo de altura, que se mantienen atados por sus extremidades inferiores al tronco. Sus cuerpos se refrescan con el viento y se secan cuando este cesa.

Los wak-waks triunfaron sobre todo en la iconografía, inundando las miniaturas persas y occidentales, desde las Maravillas de la Naturaleza de 1388 hasta el Hortus Deliciarum de Herrade de Landsberg y, cómo no, los hombres-tronco del infinito Bosco.

El wakwak no se quedó sólo. El célebre Maimónides, autoridad del Occidente medieval, refiere la existencia de árboles que salen de una cabeza humana cuyos cabellos constituyen las raízes y que posee, como la mandrágora de los antiguos, la capacidad de hablar. En su Botánica, Ibn al-Baytar (1197-1248) cita el sarrakha que grita durante una fiesta, provocando la muerte de aquel que lo oye.

Habría que esperar a nuestros queridos visionarios del Siglo de las Luces para que el tema resurgiera con fuerza. Así Holberg, en el Viaje subterráneo de Nicolas Klim (1741) nos habla de Potua, el país más importante del planeta subterráneo Nazar (estamos hablando de lo que se esconde debajo de nuestros pies, por si no queda claro), poblado de hombres-árboles cuya estructura los hace más lentos de pensamiento y les confiere quietud contemplativa (idea retomada por Tolkien, como sabemos).

« Los habitantes consisten en árboles de diversas especies, como castaños, palmeras, arbustos, etc que dan nombre a los dieiciseis meses del año. (…) El número habitual crece maravillosamente cada día gracias a cierto edicto conocido como nombre de la ley a favor de la propagación. En virtud de dicha ley los beneficios y las inmunidades aumentan o disminuñen en función del número de hijos que se ha engendrado.”

De hecho la llegada de Klim a Potua causa un pequeño incidente arborícola: embestido por un toro se sube a un árbol que en realidad es la presidenta (concepto de por sí jocoso para los lectores de la Ilustración) de Potua. Será pues juzgado (por unos árboles vestidos de piel de oveja a modo de toga) por ataque a la decencia e intento de violación –la cual, una vez más, plantea un bonito caso de casuística a la Billuart: ¿se trata de estupro simple o se puede juzgar la arborafilia como una variante del bestialismo? (Por cierto, pese a lo increíble que parezca, dicha parafilia existe, se llama dendrofilia y goza de cierto predicamento en ciertos mangas radicales…).

Tras el análisis de la sangre del pobre Nicolas los Patuanos se dan cuenta de su buena fe, sistema que deja en pañales a nuestros sueros de la verdad…

Aprendemos también que:

“La bebida habitual de los habitantes está hecha del jugo de algunas hierbas siempre verdes. Los vendedores de dicho brebaje son llamados vulgarmente ninhalpi, herbidores. El número de ellos está limitado en cada ciudad y tienen el privilegio exclusivo de cocer y distilar las hierbas. No pueden ejercer otra profesión ni dedicarse al comercio. Inversamente queda prohibido a todos aquellos que ejercen un cargo público dedicarse a este negocio ya que, aprovechando el crédito del que gozan por su función atraerían a todos los compradores..."

Como en todo Viaje Extraordinario que se precie se cuela una buena dosis de reformismo social donde adivinamos las futuras exigencias revolucionarias…

“Los Potuanos no están distinguidos entre patricios y plebeyos o nobles y villanos. Esta distinción existió antaño entre ellos pero los príncipes vieron que era fuente de discordias y divisiones, aboliendo todas las prerogativas unidas al nacimiento”…

En el inenarrable Star o Ψ de Casiopea de Defontenay (1854), desubrimos a los Bramilos,

“unos seres singulares que, con la organización de un vegetal, tienen la sensibilidad de un animal y la facultad de moverse agitando sus ramas articuladas con el tronco. Los Bramilos se asientan en la orilla de aguas corrientes gracias a un pie tubercúleo armado de raíces en forma de garras que hunden en la tierra húmeda”…

La fantasia moderna retomará estas simpáticas criaturas, desde el Bosque de los Árboles Batalladores del Mago de Oz (Clásico Extraño del cual volveremos a hablar), hasta los celebérrimos e inolvidables Ents de Tolkien.

Algún otro día hablaremos del Increíblemente Extraño Cordero Vegetal, otro caso fascinante de Fitozoología medieval…

martes, 20 de mayo de 2008

Wak-waks

Os habíamos prometido, en nuestro ya lejano mensaje de Bienvenida, plantas parlantes.

Y os vamos a dar Plantas Parlantes. Bueno, más bien árboles que dicen “wak-wak”. Casi, casi.

El mito de los árboles humanoides, variante de la extensa Fitozoología Fantástica Universal, remonta a la más remota Antigüedad. Ya en Filóstrato hallamos referencia a un olmo etíope (Africa ya era, como lo sería en el XIX, el territorio predilecto de lo misterioso), bajo el cual se disputaban dos filósofos, sorprendidos de oír una voz añadirse a sus doctas disquisiciones.

Nuestro queridísimo Luciano de Samósata nos habla en su Increíblemente Extraña Historia verdadera de las plantas-mujeres que atraen a los hombres con sus vaginas y luego no les dejan salir… variante cachonda de las Sirenas homéricas con ribetes de chanza misógina.

“Cuando hubimos atravesado el primer río, descubrimos otras viñas de naturaleza aún más extraña. Eran bellas mujeres de la cabeza hasta la cintura, que terminaba en un tronco arborescente tal y como los pintores pintaban a Dafné a punto de ser violada por Apolo. Sus dedos se expandent en ramas cargadas de uvas y sus cabellos están hechos de cepas entrelazadas. Nos hicieron mil caricias, hablándonos una en griego, la otra en indiio o persa, pero no querían que cogiéramos sus frutos [evidente juego de palabras] y cuando se los queríamos coer gritaban como si les hiciéramos mucho daño. No se cansaban de besarnos y de acariciarnos; sus besos eran embriagadores y dos de nuestros compañeros que se dejaron sorprender por sus encantos se quedaron atrapados por sus partes nefandas, y empezaron a tomar raíz y a ver que les salían ramas…”

La referencia mítica alude, cómo no, a la rica tradición de metamorfosis de humanos en árboles, la más famosa siendo la de Dafné, recogida en nuestras queridas e Increíblemente Extrañas Metamorfosis de Ovidio. Dante retomó la idea para ilustrar el destino póstumo de los suicidas, convertidos en árboles gimientes del Infierno.

En las Increíblemente Extrañas relaciones de la vida de Alejandro Magno hallamos referencia a un Árbol indio del Sol y de la Luna, que predecía el futuro, con voz masculina durante el día y femenina durante la noche. Una voz, en griego, predijo al joven rey la conquista del mundo mientras otra, en hindú, su muerte en Babilonia, bonito ejemplo de ambigüedad oracular…

Marco Polo se apuntó el tanto, trece siglos después, afirmando haber hablado con el mismo Árbol (lo cual nos da una idea de la credibilidad del célebre Millione, uno de los textos que inspiró a Cristobal Colón su tan errada travesía). Jean de Mandeville, que lo plagió, afirmó que el Árbol del Sol y la Luna seguía aún profetizando en una isla inaccesible poblada de dragones, sierpes y bestias salvajes sin especificar.

En general la tradición de árboles oraculares constituye una de las bases de la hierofanía (revelación de lo sagrado) en casi todas las tradiciones culturales. Los druidas consultaban los robles, las Streghe romanas los olivos.

Pero los árboles humanoides más sorprendentes pertenecen, sin lugar a dudas, a la tradición árabe.

Varios textos árabes los localizan en una isla lejana, produciendo cabezas de los hijos de Adam que, al ocaso y a la aurora, gritan “wak-wak” cantando himnos al Creador (!). Otros dicen que producen cuerpos enteros de mujeres (versión ya más picante) y que cuando gritan “wak-wak” se trata de un mal presagio. Encontramos una célebre mención en Los Libros de las maravillas de la India, muy marcado por la tradición helenística de Ctesias (la madre del cordero, como quien dice, en monstruosidades indias, lamentablemente perdido), del siglo X.

El Kitab al-haiyawan de Al-Djahiz (859) afirma que el wakwak produce animales y mujeres, colgados por los pelos (ya, como véis, más preciso). Las mujeres son coloradas y dicen “wak-wak” sin cesar hasta que se las arranca del árbol.

En el Katib al-djaghrafiya de un almeriense anónimo del siglo XII (cuántos Libros Increíblemente Extraños pertenecen a la literatura española en lengua árabe, totalmente ignorados por los presentes habitantes de la península, entre los que me incluyo), se sitúa la isla Wak-wak en el mar de China, con precisiones botánicas mucho más detalladas. Las hojas son parecidas a las de la higuera. Los frutos se forman a inicios de marzo, cuando se ve despuntar los pies de las jóvenes criaturas. Los cuerpos aparecen en abril, las cabezas en mayo. Las magníficas hembras así gestadas comienzan a caer, lamentablemente, a inicios de junio. Es cuando gritan “wak-wak”.

domingo, 18 de mayo de 2008

Bella Durmiente bis

Preñada por el díscolo rey, la Bella Durmiente da a luz dos gemelos de sexo opuesto, asistida por unas simpáticas hadas que ponen a las criaturas sobre sus senos para que puedan mamar. Un día, el niño pierde la teta y se pone a chupar el dedo de su madre, quitándole la espina letárgica. Talia despierta, confusa ante su progenitura. Les da el nombre de Sol (al niño) y Luna (a la niña).

Un día el inconstante rey se recuerda de la durmiente que violó. Decide volver para ver si sigue dormida (y probablemente echar otra canita al aire). Al verla con los gemelos le cuenta lo ocurrido. Se queda allí unos días con ella, empezando un idilio ya más convencional. Aunque un tanto sulfuroso, pues está ya casado, allá en su reino.

De vuelta al tálamo conyugal clama los nombres de sus hijos y amada durante el sueño. La reina se cosca y consigue que el secretario del rey le desvele el pastel. Ladina, manda un mensaje a Talia para que le mande a sus hijos a la Corte. Ingenua, Talia accede.

La historia aquí se vuelve aún más fuertecilla. La reina, emulando a las heroínas trágicas greco-romanas, pide a su cocinero que cocine a los dos niños y se los sirva al rey. El tema de la comilona antropofágica era ya muy célebre en la literatura europea. De Séneca al Tito Andrónico de Shakespeare varios papás y mamás, antropófagos involuntarios, habían digerido a sus retoños, víctimas de un sadismo sin límites.

Horrorizado, el cocinero esconde a los niños, sirviendo unos corderos al rey. Este, deleitándose de lo suculento del plato, se ve felicitado por su parienta, la cual (fatal hasta la médula) le dice: “Come, come, que estás comiendo lo que es tuyo…” (chanza que ya encontramos en el Bardo inglés).

Contenta con su canibalesca treta, la reina manda venir a Talia para, de modo más convencional, quemarla viva.

Talia, para ganar tiempo, le pide que le deje deshacerse de sus bellos atuendos antes de ser chamuscada. La reina accede, a regañadientes.

Comienza entonces uno de los strip-teases más Increíblemente Extraños de la literatura, para más puro deleite de los lectores perversos.

Cada vez que se saca una prenda, Talia grita su dolor (¿os suena de algo? El final de Barbazul, otro colmo de Sadismo Sólo para Niños). Al cabo, el rey la oye y aparece en la habitación donde se calentaba la hoguera. La reina le dice que va a quemar a la adúltera y le cuenta que el otro día se papeó a sus gemelos.

El rey, desesperado, ordena quemar a la reina, al secretario traidor y al cocinero caníbal, el cual le explica lo ocurrido. Así, mientras los malos son rostizados al más puro estilo europeo (Basilio escribe mientras aún humean las hogueras de la caza de brujas), los amantes de tan singular historia se reúnen al fin.

“Gente con suerte”, reza la extraña moraleja, “el que tiene suerte que vaya a la cama y la felicidad lloverá sobre su cabeza”, tal vez alusión algo soez a la violación catatónica sufrida por la Bella Durmiente…

Y luego que digan que los videojuegos inculcan ideas nocivas en las mentes de los enanos…

P.s. Si queréis comprobar por vosotros mismos las refrescantes brutalidades de Basile podéis agenciaros la estupenda traducción española de Siruela.

sábado, 17 de mayo de 2008

La verdadera historia de la Bella Durmiente


Los cuentos populares, magnífica reserva de historias Increíblemente Extrañas, han ido conociendo, en Occidente, un proceso de “domesticación” y edulcoración realmente penoso, debido a su creciente acotamiento dentro del “ghetto” de la literatura para niños. Cuentos que, en su origen, eran destinados a un público mixto (el de la familia extensa donde adultos y canijos dormían en la misma cama –con los “incidentes” procaces que uno imagina) que los saboreaba por igual, han sido poco a poco reducidos a un universo infantil muy aseptizado.

Buen ejemplo de lo que nos hemos perdido en el proceso es el caso de la Bella Durmiente y, en general, del Pentamerone de Giambattista Basile, Libro Increíblemente Extraño donde se ubica la primera referencia literaria al cuento. De hecho el libro de Basile es, después de los compendios de exempla medievales (sobre los cuales algún día hablaremos), una de las primeras recopilaciones de cuentos populares, escrita casi cien años antes de los célebres Contes de Ma Mère l’Oye de Charles Perrault.

«Lo cunto de li cunti overo lo trattenemiento de peccerille» («El cuento de los cuentos, o entretenimiento para los pequeños»), renombrado en la cuarta edición «Il Pentamerone» (ya que, en homenaje a Boccaccio, se trataba de cincuenta cuentos narrados durante cinco días por diez contadores de historias), estaba en realidad destinado a cortesanos adultos, ya alejados del universo popular rural (de sus súbditos) que descubrían como algo sumamente “exótico”.

Por ello abundan caracteres que ahora chocarían en cualquier consejo editorial de libros infantiles, desde la violencia más brutal hasta el sexo y la escatología más radicales (baste como ejemplo esa cucaracha mágica que se introduce todas las noches por el ano de un marido nefasto, provocándole una atroz diarrea que le impide consumar el matrimonio, devolviendo así a la desconsolada princesa a su primer y auténtico amante…), los cuales hacen de la obra un monumento barroco inigualado, bastante fiel, por lo demás, a la “cultura popular” estudiada por antropólogos e historiadores.

El tratamiento basiliano de la Bella Durmiente dista bastante, como ya os podéis ir imaginando, del célebre film de Walt Disney.

El cuento se llama aquí “Talia, el sol y la luna” y narra el nacimiento de Talia, hija de un rey que, preocupado por su destino, se rodea de astrólogos y sabios. El horóscopo advierte que la niña correrá gran peligro a causa de una espina de lino. Para protejerla, el rey decreta que jamás se traiga lino a su corte.

Años después, como era de esperar, Talia mira por la ventana (como todas las princesas) y ve a una vieja tejiendo lino. Curiosa (como las mujeres en la tópica medieval), pide estirar ella misma el lino. En cuanto comienza a tejer una espina se le hunde bajo la uña y cae al suelo, como muerta (tal vez una reacción alérgica?). El padre, incapaz de decidirse a enterrarla, la envía a uno de sus palacios, donde yace vistiendo sus mejores galas, como crionizada.

Un rey anda cazando por los bosques cercanos. Su halcón se escapa (topos que arranca nuestra querida Celestina) y se cuela en el palacio de la Bella. Buscándolo el rey se encuentra con el cuerpo, incorrupto, de Talia (calidad que la une, en el imaginario barroco, tanto a los santos como a los muertos vivientes).

Trata, en vano, de despertarla. Ni corto ni perezoso, excitado por su belleza, se la cepilla (!)

¿Esa parte no os la habían contado, é? Pues se trata de un bonito caso de casuística sexológica que seguramente fascinó a los contemporáneos de Basilio, desde nuestro carpetovetónico Sánchez hasta el pobre Billuart: ¿De qué tipo de lujuria releva? ¿Se trata de mera necrofilia? ¿El hecho de que ella fuera incorrupta constituye acaso un atenuante? ¿El estupro es, técnicamente, forzado sobre la virginal joven o no? ¿Al ser adulterio simple (de un sólo miembro) se multiplica el pecado? ¿Visto el resultado (la vuelta a la vida de la joven forzada) se puede decir que el príncipe, lejos de cometer un pecado nefando, hizo algo laudable?

El caso es que, saciado, el rey deja la Bella a su catatónico sueño y se pira a su reino.

La historia no acaba ahí, ni mucho menos...

Así que, como en los cuentos...

Continuará

jueves, 15 de mayo de 2008

Los demonios de Swedenborg


El místico sueco también añadió, como era de esperar, varias consideraciones demonológicas igualmente peculiares:

“Los demonios de Emanuel Swedenborg (1688-1772) no constituyen una especie; proceden del género humano. Son individuos que, después de la muerte, eligen el infierno. No están felices en esa región de pantanos, de desiertos, de selvas, de aldeas arrasadas por el fuego, de lupanares y de oscuras guaridas, pero en el Cielo serían más desdichados. A veces un rayo de luz celestial les llega desde lo alto; los demonios lo sienten como una quemadura y como un hedor fétido. Se creen hermosos, pero muchos tienen caras bestiales o caras que son meros trozos de carne o no tienen caras. Viven en el odio recíproco y en la armada violencia; si se juntan lo hacen para destruirse o para destruir a alguien. Dios prohíbe a los hombres y a los ángeles trazar un mapa del infierno, pero sabemos que su forma general es la de un demonio. Los infiernos más sórdidos y atroces están en el Oeste”.

J. L. Borges y M. Guerrero, "El libro de los seres imaginarios" (Editorial Bruguera, Barcelona, 1985).

Por lo demás, siempre tan peculiar, el bueno de Swedenborg dictaminó, en su De Ultimo Judicio (1758) que el Jucio Final ya había acaecido (!), sin que la peña se coscara, hacia finales del año anterior (!!). En realidad no fue como la gente lo esperaba, con tremendas destrucciones y desagradables armagedones. Ocurrió en los “cielos espirituales”, donde Dios vió que las Iglesias habían perdido su verdadera identidad, que es la caridad y la compasión.

Actualmente existen varios grupos swedenborgistas (o swedenborgianos?), llamados neocristianos, nuevos cristianos, o miembros de la Nueva Iglesia. Como era también de esperar, surgieron varios cismas. La Iglesia General de la Nueva Jerusalem tiene su sede en Bryn Athyn (!!), suburbio de Filadelfia, mientras que la Iglesia Swedenborgiana de Norte América se basa, irónicamente, en un agujero llamado Newton, de Boston.