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lunes, 7 de julio de 2008

Der Struwwelpeter


Esta entrada va dedicada a nuestro amigo John Rumsey, el cual nos indicó en vívidos términos el terrorífico impacto que Pedro el Desmelenado tuvo en sus noches de infancia…


Como ya señaláramos en el caso de la Bella Durmiente, la literatura infantil es otro de los pastos predilectos de los Libros Increíblemente Extraños.

Baste evocar el caso del libro “para niños” más célebre en Alemania, Der Struwwelpeter del singular Dr. Heinrich Hoffmann, publicado en 1845, tres años antes de la “primavera de los pueblos” (aunque toda relación entre ambos fenómenos sea altamente improbable).

Las “alegres historietas y divertidas viñetas para niños entre tres y seis años” del Dr. Hoffmann resultan hoy, cuanto menos, inquietantemente delirantes. No por nada el Doctor trabajó durante años en un prestigioso asilo psiquiátrico…

En cada caso se trata de demostrar las desastrosas consecuencias del mal comportamiento de las atolondradas criaturas, tal y como hubiera podido imaginar el mismísimo Marqués de Sade.

Pedro el Desmelenado (como podéis combrobar en la imagen, digna ancestra de Tim Burton) es despreciado por todos debido a su aspecto de voraz comedor de tripis.

Más “gracioso” es sin duda Die gar traurige Geschichte mit dem Feuerzeug (como en todo hay que decir estas cosas en alemán, suena mucho más Increíblemente Extraño), la Horrible Historia de la Niña de las Cerillas (¿qué habrá pensado el pobre Andersen?). Como el título indica la Niña juega con unas cerillas y se prende fuego… Edificante, ¿no?

Tres niños se ríen de un negrito. Un extraño barbudo, que responde al nombre de Nikolas, los mete en un barril de tinta negra. Bonita lección de antiracismo…

En Die Geschichte von dem wilden Jäger (la historia del cazador salvaje), Hoffmann prefigura una de las escenas predilectas del siglo XX: un conejo se hace con el rifle y las gafas de un cazador y empieza a perseguir a este a perdigonazos... Bugs Bunny había nacido.

Sigue otro de los Horrores del Dr. Hoffmann, "Die Geschichte vom Daumenlutscher" (la historia del pequeño Chupa-Deditos). Una madre insta a su hijo a dejar de chuparse los dedos. Cuando lo deja sólo el enano vuelve a las andadas. Aparece un sastre psicópata (¡) que le corta los pulgares con unas tijeras gigantes…(!!)

"Die Geschichte vom Suppen-Kaspar" (la Historia de Kaspar el de la Sopa) cuenta lo acaecido al homónimo individuo, opuesto a la idea de tomar más sopitas. Durante los cinco días siguientes comienza a decaer hasta que… muere (!!!)

Esta amable y divertida galería termina con "Die Geschichte vom fliegenden Robert" (la historia de Robert Volador), en la cual un niño sale de casa en plena tormenta. El viento levanta su paraguas y se lo lleva, probablemente hacia una horrenda destrucción (¿sería el mismo maelstrom que se llevó, por los mismos años, al viejo de Edgar Allan Poe?)

Entre los innumerables homenajes a la psicopato-pedagogía hoffmanniana citemos el Cuarto Oso de Jasper Fforde, retrato de una idílica comunidad alemana donde los niños siempre toman su sopa, evitan las cerillas y el chupar sus pulgares. El atento observador descubrirá que varios de sus habitantes han perdido los dichos pulgares y que extraños rumores rodean al sastre local.

La misma idea inspiró a M. J. Trow para sus Aventuras del Inspector Lestrade, donde el célebre comparsa de Sherlock investiga una serie de monstruosos asesinatos que reproducen las historietas de Struwwelpeter…

Ps. Los que os hayais quedado con ganas de más y no sepáis que hacer el fin de semana podéis pegaros un lowcost e ir al museo Struwwelpeter de Frankfurt a echaros unas risas…

domingo, 18 de mayo de 2008

Bella Durmiente bis

Preñada por el díscolo rey, la Bella Durmiente da a luz dos gemelos de sexo opuesto, asistida por unas simpáticas hadas que ponen a las criaturas sobre sus senos para que puedan mamar. Un día, el niño pierde la teta y se pone a chupar el dedo de su madre, quitándole la espina letárgica. Talia despierta, confusa ante su progenitura. Les da el nombre de Sol (al niño) y Luna (a la niña).

Un día el inconstante rey se recuerda de la durmiente que violó. Decide volver para ver si sigue dormida (y probablemente echar otra canita al aire). Al verla con los gemelos le cuenta lo ocurrido. Se queda allí unos días con ella, empezando un idilio ya más convencional. Aunque un tanto sulfuroso, pues está ya casado, allá en su reino.

De vuelta al tálamo conyugal clama los nombres de sus hijos y amada durante el sueño. La reina se cosca y consigue que el secretario del rey le desvele el pastel. Ladina, manda un mensaje a Talia para que le mande a sus hijos a la Corte. Ingenua, Talia accede.

La historia aquí se vuelve aún más fuertecilla. La reina, emulando a las heroínas trágicas greco-romanas, pide a su cocinero que cocine a los dos niños y se los sirva al rey. El tema de la comilona antropofágica era ya muy célebre en la literatura europea. De Séneca al Tito Andrónico de Shakespeare varios papás y mamás, antropófagos involuntarios, habían digerido a sus retoños, víctimas de un sadismo sin límites.

Horrorizado, el cocinero esconde a los niños, sirviendo unos corderos al rey. Este, deleitándose de lo suculento del plato, se ve felicitado por su parienta, la cual (fatal hasta la médula) le dice: “Come, come, que estás comiendo lo que es tuyo…” (chanza que ya encontramos en el Bardo inglés).

Contenta con su canibalesca treta, la reina manda venir a Talia para, de modo más convencional, quemarla viva.

Talia, para ganar tiempo, le pide que le deje deshacerse de sus bellos atuendos antes de ser chamuscada. La reina accede, a regañadientes.

Comienza entonces uno de los strip-teases más Increíblemente Extraños de la literatura, para más puro deleite de los lectores perversos.

Cada vez que se saca una prenda, Talia grita su dolor (¿os suena de algo? El final de Barbazul, otro colmo de Sadismo Sólo para Niños). Al cabo, el rey la oye y aparece en la habitación donde se calentaba la hoguera. La reina le dice que va a quemar a la adúltera y le cuenta que el otro día se papeó a sus gemelos.

El rey, desesperado, ordena quemar a la reina, al secretario traidor y al cocinero caníbal, el cual le explica lo ocurrido. Así, mientras los malos son rostizados al más puro estilo europeo (Basilio escribe mientras aún humean las hogueras de la caza de brujas), los amantes de tan singular historia se reúnen al fin.

“Gente con suerte”, reza la extraña moraleja, “el que tiene suerte que vaya a la cama y la felicidad lloverá sobre su cabeza”, tal vez alusión algo soez a la violación catatónica sufrida por la Bella Durmiente…

Y luego que digan que los videojuegos inculcan ideas nocivas en las mentes de los enanos…

P.s. Si queréis comprobar por vosotros mismos las refrescantes brutalidades de Basile podéis agenciaros la estupenda traducción española de Siruela.

sábado, 17 de mayo de 2008

La verdadera historia de la Bella Durmiente


Los cuentos populares, magnífica reserva de historias Increíblemente Extrañas, han ido conociendo, en Occidente, un proceso de “domesticación” y edulcoración realmente penoso, debido a su creciente acotamiento dentro del “ghetto” de la literatura para niños. Cuentos que, en su origen, eran destinados a un público mixto (el de la familia extensa donde adultos y canijos dormían en la misma cama –con los “incidentes” procaces que uno imagina) que los saboreaba por igual, han sido poco a poco reducidos a un universo infantil muy aseptizado.

Buen ejemplo de lo que nos hemos perdido en el proceso es el caso de la Bella Durmiente y, en general, del Pentamerone de Giambattista Basile, Libro Increíblemente Extraño donde se ubica la primera referencia literaria al cuento. De hecho el libro de Basile es, después de los compendios de exempla medievales (sobre los cuales algún día hablaremos), una de las primeras recopilaciones de cuentos populares, escrita casi cien años antes de los célebres Contes de Ma Mère l’Oye de Charles Perrault.

«Lo cunto de li cunti overo lo trattenemiento de peccerille» («El cuento de los cuentos, o entretenimiento para los pequeños»), renombrado en la cuarta edición «Il Pentamerone» (ya que, en homenaje a Boccaccio, se trataba de cincuenta cuentos narrados durante cinco días por diez contadores de historias), estaba en realidad destinado a cortesanos adultos, ya alejados del universo popular rural (de sus súbditos) que descubrían como algo sumamente “exótico”.

Por ello abundan caracteres que ahora chocarían en cualquier consejo editorial de libros infantiles, desde la violencia más brutal hasta el sexo y la escatología más radicales (baste como ejemplo esa cucaracha mágica que se introduce todas las noches por el ano de un marido nefasto, provocándole una atroz diarrea que le impide consumar el matrimonio, devolviendo así a la desconsolada princesa a su primer y auténtico amante…), los cuales hacen de la obra un monumento barroco inigualado, bastante fiel, por lo demás, a la “cultura popular” estudiada por antropólogos e historiadores.

El tratamiento basiliano de la Bella Durmiente dista bastante, como ya os podéis ir imaginando, del célebre film de Walt Disney.

El cuento se llama aquí “Talia, el sol y la luna” y narra el nacimiento de Talia, hija de un rey que, preocupado por su destino, se rodea de astrólogos y sabios. El horóscopo advierte que la niña correrá gran peligro a causa de una espina de lino. Para protejerla, el rey decreta que jamás se traiga lino a su corte.

Años después, como era de esperar, Talia mira por la ventana (como todas las princesas) y ve a una vieja tejiendo lino. Curiosa (como las mujeres en la tópica medieval), pide estirar ella misma el lino. En cuanto comienza a tejer una espina se le hunde bajo la uña y cae al suelo, como muerta (tal vez una reacción alérgica?). El padre, incapaz de decidirse a enterrarla, la envía a uno de sus palacios, donde yace vistiendo sus mejores galas, como crionizada.

Un rey anda cazando por los bosques cercanos. Su halcón se escapa (topos que arranca nuestra querida Celestina) y se cuela en el palacio de la Bella. Buscándolo el rey se encuentra con el cuerpo, incorrupto, de Talia (calidad que la une, en el imaginario barroco, tanto a los santos como a los muertos vivientes).

Trata, en vano, de despertarla. Ni corto ni perezoso, excitado por su belleza, se la cepilla (!)

¿Esa parte no os la habían contado, é? Pues se trata de un bonito caso de casuística sexológica que seguramente fascinó a los contemporáneos de Basilio, desde nuestro carpetovetónico Sánchez hasta el pobre Billuart: ¿De qué tipo de lujuria releva? ¿Se trata de mera necrofilia? ¿El hecho de que ella fuera incorrupta constituye acaso un atenuante? ¿El estupro es, técnicamente, forzado sobre la virginal joven o no? ¿Al ser adulterio simple (de un sólo miembro) se multiplica el pecado? ¿Visto el resultado (la vuelta a la vida de la joven forzada) se puede decir que el príncipe, lejos de cometer un pecado nefando, hizo algo laudable?

El caso es que, saciado, el rey deja la Bella a su catatónico sueño y se pira a su reino.

La historia no acaba ahí, ni mucho menos...

Así que, como en los cuentos...

Continuará