sábado, 21 de junio de 2008

Al-Qalyoûbî

Una de las fuentes del supuesto “choque de civilizaciones” que nos aflige es sin duda el enorme y mutuo desconocimiento. Reducir la cultura musulmana a lo que de ella expurga una clase de ideólogos cerriles es como hacer de los “halcones” de Bush emblema preclaro de Occidente.

Afortunadamente hay tradiciones mucho más irónicas y escépticas en ambas culturas (por lo demás tan mezcladas históricamente, como bien sabemos los íberos). Buena prueba de ello son las obras Increíblemente Extrañas que pudieron florecer pese a los credos y tabúes de cada "campo".

Sin remontarnos a la Obra por anotomasia, auténtica Biblia (o Corán) de todo amante de la ficción (hablamos, claro está, de Las Mil y Una Noches, en sus variadas versiones), evocaremos hoy una pequeña y poco conocida joya escrita a finales del siglo XVI –al tiempo que Cervantes homenajeaba la tradición árabe en la figura de Cide Hamete Benengeli.

Se trata de Lo fantástico y lo cotidiano, de Ahmad al-Qalyoûbî, curioso personaje nacido en la pequeña ciudad egipcia que le dio su apellido, edificada (no podía ser más premonitorio) sobre una antigua necrópolis de la era faraónica.

Como señala René R. Khawan, traductor e introductor de la obra, “hay una propensión peligrosa [en ésta] a hablar de los muertos, de visiones fantásticas, de luces surgiendo de repente de las tumbas, de escenas de fusión entre los Satanes machos y hembras, de viajes de Djinns por la alta atmósfera, de levitaciones y de metamorfosis”.

Esta vertiente, más afirmada en sus Historias extrañas y maravillosas (afín a la tradición persa de las Mil y Una Noches), se infiltra, como indica el título de nuestra obra, en la realidad cotidiana para crear una especie de “realismo mágico” (término e idea que precede con creces su captación por el “boom” latinoamericano). “Lo cotidiano, iluminado por una cierta mirada, se transforma y toma una dimensión completamente diferente”.

Entre los casi 300 relatos que componen el libro hemos escogido el primero.

Espero que os guste tanto como a nosotros.

“La mano sobre el rostro

Un hombre pasó un día cerca de la escuela en la que enseñaba el imán más grande y se acercó para oír lo que decía. Oyó lo siguiente:

-Si alguien de vosotros quiere hacer sus necesidades, que se ponga la mano delante del rostro mientras tanto, y de esa manera la conservará pura

El hombre, después de haber oído estas palabras, se fue precisamente a hacer sus necesidades. Encontró un lugar retirado y se dirigió a él para realizar la operación. De pronto, cuando ya había comenzado, vio frente a él, a una cierta distancia, a su enemigo. El hombre no sabía que hacer. Pero he aquí que de pronto se acordó de las palabras del sheik y se puso la mano delante del rostro. Su enemigo, que creía haberle reconocido, se prepraraba para lanzarle una flecha mortal. Pero tuvo una duda:

- Tal vez no sea él, quizás sea otra persona.

Continuó observándole por un momento, pero, como no lograba reconocerle, ya que el otro mantenía su mano delante del rostro, decidió continuar su camino, creyendo que se había equivocado de persona. De esta manera, esta actuación salvó al hombre de una muerte segura.”

Mektoub.

2 comentarios:

josa dijo...

oye, muy bueno. Ya te he dicho que soy un apasionado de las mil y una noches. Tengo una edición especial de mi madre con unas ilustraciones bestiales. Sin duda las mujeres mas hermosas que he visto jamás. Fueron precisametne ellas quienes despertaron esto que aún sigue aquí (mis ganas de leer y escribir)

Anónimo dijo...

Ante todo decirte que acabo de entrar en tu blog por culpa de Mañas. Así que la culpa para él. Yo soy un apasionado de las MIl y una noches. Desde pequeño es mi libro de cabecera. Supongo que por las ilustraciones de las mujeres más hermosas y turgentes que he visto jamás. Aun así, cuando no tengo ganas de leer libros nuevos, cojo un pasaje de las 1000 y me lo empapo.
¿Conoces esta historia de al-qalyoubi:

" Se cuenta que un hombre se emborrachó y abandonó el lugar de sus libaciones ya de noche para volver a su casa. De pronto vio que, por orden del Juez, se habían cerrado las puertas que daban acceso a la calle. Comenzó a gritar y no se detuvo hasta que la puerta fue abierta.En ese momento de cólera juró que metería la llave de esa puerta en el culo del Juez, o de lo contrario, repudiaría a su mujer. La suegra de ese hombre se enteró del asunto. Cogió dos vestidos preciosos y dos copas llenas de dulzainas, se las ofreció al Juez y le contó la historia. Lloró delante de él y le suplicó que consintiera en introducirse la llave en el culo porque de lo contrario su hija sería repudiada. El Juez le declaró:

-Si es absolutamente necesario que me introduzca la llave en el culo, ve y ponla en el fuego para que se consuma enteramente, pulverízala, fabrica una especie de supositorios con el polvo obtenido y haré lo que me pides. La suegra se fue, quemó la llave, la redujo a cenizas y fabricó lo que se le había ordenado.”


abrazos

http://josamotril.wordpress.com